Desilusión, traición y autoritarismo

Trump contra la ciencia
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Bolsonaro ganó la primera vuelta en Brasil. Con más del 46% de los votos, ha puesto en jaque a su más cercano competidor, el oficialista Haddad, con apenas el 29% de las preferencias. El 28 de octubre se enfrentarán en la segunda vuelta.

Bolsonaro representa la ultraderecha de mano dura contra la violencia y la corrupción; la propuesta que busca resaltar los valores conservadores de la familia y el liberalismo económico. Frente a él está un candidato de izquierda, Haddad, que busca retomar la fórmula mágica que llevó a Lula a la presidencia, al apostar por los subsidios y las prestaciones laborales. La batalla se dará por el centro político.

Bolsonaro, sin embargo, es un candidato peligroso. Aunque muchas de sus propuestas son razonables e, incluso, oportunas en un Brasil sumido en la peor crisis económica, social y política de su historia, el carácter moral de este personaje hace que todo cambie. Por más que apoye a la familia, no podemos ignorar que defiende el autoritarismo, el asesinato y la tortura. Por más preocupado que esté por la educación, no podemos dejar de lado que atenta contra la libertad y que piensa que la fuerza —y no los votos— es el remedio de los males de Brasil. Una mala persona con buenas ideas es un peligro para la democracia. El fin no justifica los medios.

A Bolsonaro lo apoyan las clases altas por sus propuestas fiscales y de libre mercado. Hartos de los subsidios y de las prestaciones laborales —que sacaron de la pobreza a millones de personas en la última década— las cúpulas financieras, incluso la bolsa, han reaccionado favorablemente al avance del candidato. También lo respalda un gran sector de la clase media, evangélicos con arraigadas tradiciones familiares de corte conservador, que ven en la corrupción y la violencia un peligro para sus familias. Del mismo modo, un importante número de personas, repartidas en todo el espectro socioeconómico y cansadas de las traiciones de los políticos de siempre, lo apoyan por ser el candidato antisistema. Bolsonaro tiene la mesa puesta para alcanzar la presidencia.

Haddad tiene un complejo camino por delante. Aunque Bolsonaro genera mayor rechazo entre los electores, no cuenta con las simpatías que sostenían a Lula. Los escándalos de corrupción del PT, la crisis económica, el desempleo y la violencia desatada son el escenario ideal para el hartazgo y el deseo de un cambio radical. Haddad parece una opción demasiado cerebral y limpia como para enarbolar este sentimiento. Si no logra aglutinar minorías y recuperar la masa crítica que llevó a Lula a la presidencia, veremos a un exmilitar autoritario al frente de Brasil. Necesita vencer la desilusión y la apatía que amenaza a la democracia.