Viernes 25.09.2020 - 11:43

Dios en Haití 2010

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Dios de terremotos, si existes, eres un Dios cruel que castigas a los más pobres de los pobres en un continente. Y te pregunto: ¿Por qué el terremoto sorprendió Haití y no otra sociedad más rica?

No es cierto —podrías contestar —. Porque también terremotos causaron destrucción y muerte en países más ricos como Japón, Italia, China, México y California, en Estados Unidos.

¡Ah! —yo te acuso—: Entonces eres un sádico internacional, global, diríamos con palabras modernas. Autor de tsunamis en Asia y Oceanía, sequías en África, temperaturas infernales en Australia, heladas terribles en la sierra de los tarahumaras, hambruna en Kenia, lluvias torrenciales en Filipinas, incendios monumentales en Grecia, etc.

No, es así, aprendiz de teólogo y estudiante novato de filosofía —me respondes—. Son ustedes mismos, los seres humanos, los culpables en mayor parte de los grandes daños que afligen al planeta. Son ustedes quienes han sobreexplotado los mantos acuíferos, ríos y mares; los que han contaminado la atmósfera con tantos gases provenientes de su modelo materialista, donde el rey es el automóvil, donde la industria ha abusado en el uso del carbón, del petróleo…

De acuerdo —te respondo y te cuestiono—. Pero si realmente existes como Dios, Alá, Ser Supremo, Creador o con cualquier otro nombre que te damos los humanos, responde a lo siguiente: Es cierto que los humanos somos los culpables del deterioro ambiental. Todos, especialmente los países más desarrollados. En Copenahgue 2009 hicimos una salida en falso, pero ya estamos aprendiendo la lección. ¿Vas a colaborar con nosotros para que el planeta recupere su equilibrio y podamos ser cocreadores contigo como dice el teólogo Teilhard de Chardin?

Así me gusta, aprendiz de ecología —me confirmas, ustedes los humanos son testarudos y con frecuencia aprenden a base de golpes.

Pero —te increpo—, no te escondas en nuestras debilidades. Respóndeme, si existes Dios y me quieres convencer de tu supuesto amor a los hombres: ¿por qué usas el dolor contra tantos inocentes? ¿por qué dejas caer toneladas de piedra y cemento sobre miles de niños, jóvenes y mujeres en la capital de Haití? ¿Qué lección se aprendería de eso? Que castigaras con plagas a Egipto para proteger a tu pueblo, se podría quizás entender… Pero ¿quién gana en Haití 2010?

Escúchame, lector de Nieztche, Sartre, Aristóteles, Platón, Marx, Voltaire, Kant, Santo Tomás de Aquino, Freud y otros amigos o enemigos de mi existencia: el dolor y el sufrimiento es parte de la existencia humana. Tienes que asumirlo, así como aceptaste tu condición de mortal, también estás destinado a gozar y a sufrir. La crucifixión de Cristo es clave para entenderme: ella y la resurrección son parte de lo que los teólogos llaman el Kerigma —el núcleo— del cristianismo. El sufrimiento es un misterio difícil de entender. Con humildad de espíritu hay muchos hombres que durante siglos lo han aceptado. Ustedes a algunos de ellos les llaman santos, pero fueron simplemente humanos que vivieron bajo un equilibrio de la razón y la fe, sirviendo a sus semejantes como si me vieran y sirvieran a mi…

Tú lo acabas de decir —y con esto concluyo esta discusión contigo, Dios de terremotos—. He corrido detrás de tantas filosofías y otras explicaciones teológicas. Busco en la teología de San Francisco de Asís, Gandhi, Buda, Mahoma, Abraham e Isaac, en la paciencia de Job y en la madre Teresa de Calcuta, respetando a los ateos y agnósticos. Y seguiré buscando. Hoy mi respuesta es dar mi solidaridad a esos desgraciados de Haití: ello me enseña a apreciar más el privilegio de vivir y poder ayudar a mitigar el dolor de los otros.

agp