El aeropuerto de Santa Lucía (antes hacienda del mismo nombre)

Indignación y transformación
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Durante varias semanas los noticiarios estuvieron muy pendientes del asunto de si el aeropuerto militar de Santa Lucía iba a convertirse en otro aeropuerto civil.

AMLO insistía en que ahí debía construirse una extensión del aeropuerto de la Ciudad de México y los especialistas en aeronáutica y los inversionistas del aeropuerto en construcción le respondían que su propuesta era inviable. La discusión fue zanjada de manera definitiva por el secretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos, quien afirmó que la base aérea de Santa Lucía es el pasado, el presente y, sobre todo, el futuro de la fuerza aérea mexicana.

En su discurso, el general Cienfuegos recordó que la base se construyó durante el gobierno de Miguel Alemán. La participación del Escuadrón 201 en la Segunda Guerra Mundial le dio a la aviación militar mexicana, un prestigio muy grande que la hizo merecedora de instalaciones adecuadas para su funcionamiento.

Quizá usted recuerde la simpatiquísima película de Cantinflas ¡A volar joven!, de 1947. Una de las locaciones de ese film fue, precisamente, la recién inaugurada base militar de Santa Lucía.

Aquí quisiera volver la mirada a la historia de esos terrenos, colindantes con el pueblo y la laguna de Zumpango, antes de que se utilizaran como aeropuerto militar.

El enorme predio en donde ahora están las pistas perteneció a la antigua Hacienda de Santa Lucía. Esta finca fue propiedad de la Compañía de Jesús y, para más señas, del Colegio de Tepotzotlán. Cuando el rey Carlos III expulsó a los jesuitas de la Nueva España, sus abundantes propiedades fueron vendidas a particulares. De esa manera, la hacienda fue adquirida por Pedro Romero de Terreros, Conde Regla, en 1776.

Un descendiente de don Pedro, el distinguido historiador Manuel Romero de Terreros, hizo una descripción de la hacienda poco antes de que se construyera ahí la base militar en su libro Antiguas haciendas de México, publicado por Editorial Patria en 1956. De este libro extraigo la siguiente cita del viajero Gemelli Carrera sobre una visita que hizo a la hacienda en 1697: “..fui a dormir a Santa Lucía, hacienda de los Padres Jesuitas, perteneciente al noviciado que tienen en Tepotzotlán. Esta hacienda comprende muchas leguas de pastos y labores. Hay en ella más de cien negros casados que, viviendo en sus cabañas, se multiplican con grandísima utilidad de los padres, pues los venden en trescientos y cuatrocientos pesos cada uno. Las ovejas y cabras serán ciento cuarenta mil, los caballos y yeguas cinco mil, y las vacas y bueyes diez mil”.

Por lo que cuenta Gamelli Carrera, la hacienda de Santa Lucía era un negocio redondo para la Compañía de Jesús. Eran otros tiempos, está claro, pero no deja de indignarme que aquellos jesuitas se llenaran los bolsillos con la venta de seres humanos.