El caníbal de Iguala

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Por:

Julián Andrade

En la noche terrible de Iguala ocurrió un asesinato distinto a los otros: el de Julio César Mondragón, El Chilango, un joven de 22 años, estudiante normalista que antes había trabajado como guardia de seguridad.

Es diferente porque la saña contra él resultó inaudita: le arrancaron la piel, lo desollaron.

El cadáver de Mondragón fue encontrado en las calles la mañana del 27 de septiembre; sus captores lo tuvieron en su poder, lo interrogaron y torturaron. Lo habían detenido la noche anterior.

Los criminales, sicarios y policías, quisieron lanzar una onda expansiva que ahora sabemos era sólo el preludio de uno de los crímenes más graves de la historia reciente: el secuestro, desaparición, asesinato y calcinación de 43 estudiantes de la escuela normal Raúl Isidro Burgos.

Marissa Mendoza, la hoy viuda de Mondragón, acudió al Servicio Médico Forense de Chilpancingo para hacer la identificación. Los funcionarios le advirtieron que tenía que ser fuerte para lo que iba a ver.

Ella cree que el estado del cuerpo sólo se explica por el afán de infligir castigo, de dañar y de matar con saña. Tiene toda la razón.

¿Por qué lo mataron así? ¿Cuál fue la lógica? ¿A quién o quiénes les querían advertir?

Esa dosis de misterio debe ser despejada, porque la Policía Federal detuvo a Luis Francisco Martínez Díaz, quien era policía municipal en Iguala.

Martínez Díaz es el presunto responsable de la muerte de Mondragón y conoce una parte de la historia que puede dar luces sobre el comportamiento criminal, la colusión entre autoridades y el salvajismo que caracteriza a los Guerreros Unidos.

Era parte, además, del pleito con Los Rojos, pero también respondía a una jerarquía que tenía a uno de sus mandos en el propio presidente del ayuntamiento, José Luis Abarca.

Participó también en el tiroteo contra el autobús de los Avispones, el equipo de futbol de tercera división de la capital del estado de Guerrero.

El ex policía ya está en prisión y durante el desarrollo del proceso puede proporcionar información que indique el motivo de un comportamiento de caníbal.

Son 100 los detenidos por el crimen de Iguala. Pocas indagatorias han sido tan extensas y han estado rodeadas de una presión semejante.

La detención de Martínez Díaz es clave, además, porque conoce bien la región (es originario del municipio de Cocula) y participó en la red criminal de los Guerreros Unidos, desde su posición de policía municipal.

Al mismo tiempo es una pieza más en la estructura de colusión entre malos servidores públicos y bandidos.

julian.andrade@3.80.3.65

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