El debate que viene

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Por:

Gil Gamés

Le arrojaron a Gamés algunos jitomatazos por el contenido de la plana de “Uno hasta el fondo” publicada ayer en este espacio. Nada le hace. Gil puso en su mano uno de los jitomates como un Hamlet de la Central de Abasto y dijo de nuevo, convencido: debate o liguilla, ésa es la cuestión. Refugiado en el amplísimo estudio, Gilga leyó en su periódico El Universal que los candidatos se alistan para el debate. Asesorías, consejos, lápices en la boca para la dicción, valeriana para los nervios.

Para no desprenderse de la tendencia pública, Gil jura y perjura que Peña Nieto jugará al catenaccio para conservar la ventaja; Liópez diseñará una táctica de ataque loco y al final culpará al árbitro, nunca a su equipo, de la derrota; Josefina empleará el contragolpe para evitar la goleada; Quadri, el arte de hacerla de tos. El árbitro Valdés les ha enviado cartas a los contendientes para informarles que les informará a su debido tiempo.

Josefina Vázquez Mota se ha concentrado en los consejos que le da Diego Fernández de Cevallos, ganador del debate del año de 1994 ante Ernesto Zedillo y Cuauhtémoc Cárdenas. Gil lo recuerda, Diego les dio hasta con la cubeta aquella noche y luego desapareció misteriosamente de la escena pública. Gil se pregunta en qué puede ayudar el ex Jefe Diego a Josefina. Quizá con el carcaj y las flechas, los dardos envenenados, la resortera, en fin.

La noche del debate, Josefina contará una anécdota que sólo ha contado quince veces: un día, Sergio y yo cruzamos una calle de una gran ciudad en el lugar indebido; un policía, muy amable, nos quitó los pasaportes y nos multó: eso es civismo. La verdad, estará en chino para Josefina, ella podría ser la gran perdedora de la noche del juego entre Monarcas y Tigres (mju).

Por su parte, Peña Nieto podría presentar al nuevo PRI la noche del debate. A las oportunidades las pintan calvas (por cierto, Gamés nunca ha entendido lo de la oportunidad calva, pero en fin). Con ustedes, el nuevo PRI. A una voz, entra a escena el líder de la CTM, Joaquín Gamboa Pascoe, ni más ni menos; enseguida aparece Rafael Riva Palacio Pontones, líder del sindicato del Infonavit, acompañado de Ernesto Moreno, secretario técnico de la Federación de Trabajadores al Servicio del Estado. Al final, aunque no al último, se deja ver Amador Monroy, vicepresidente del Congreso del Trabajo.

En acto sin precedente en la historia, Peña Nieto los presenta a todos como sus abuelitos y futuro de la nación, no en balde han durado tanto en sus representaciones obrero- sindicales, casi son eternos. Peña Nieto les pide apoyo y ellos a coro dicen: ¡qué chabocha la chevecha! ¿Cómo ven el arma secreta de Peña Nieto?

Liópez ha dicho que se prepara para el debate en las plazas, con el pueblo, la gente buena y ante los medios de comunicación. No está mal un poco de bondad, pero Gil duda que Liópez ofrezca la mano franca; como sea, ya acusó al IFE de favorecer a Peña. Liópez pisará la trampa de la soberbia y confundirá la plaza llena con la cámara de televisión, el grito en el estrado con el énfasis conceptual. Arroooz. ¿Cómo ven a Gil en el papel de asesor? Durante una campaña política, la mayoría se sienten un poco jefe de imagen de un candidato; en los partidos de futbol, los aficionados se sienten entrenadores. Nadie se engaña, todos saben que se trata de una mentira, una simulación.

En preparación para el debate, Quadri dijo que sí hay una persona que lo asesora sobre “el uso del lenguaje corporal, gestos, transmisión de ideas”. ¿Quién será esa persona? Permitan que Gil adivine: ¿una mujer como de un sindicato de maestros o algo así? Caliente, hirviendo, se quema Quadri.

La sentencia de Samuel Butler pidió una televisión en el ático para ver el debate y espetó: “Cuanto más tiempo dura una disputa, más lejos nos hallamos del final”.

Gil s’en va

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