Sábado 19.09.2020 - 10:55

El derrumbe de Chávez

El derrumbe de Chávez
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El indispensable escritor Andrea Camilleri suele desear que Silvio Berlusconi dure muchos años más para que “los italianos beban de ese cáliz hasta que vomiten”. La misma metáfora podría utilizarse para describir lo que hoy ocurre en la Venezuela de Hugo Chávez y, en ese sentido, la devaluación del bolívar quizá sea una buena noticia.

Con la salvedad del comprensible escepticismo con que fue visto el arribo de Chávez al poder, el inicio del derrumbe económico en ese país, advertido reiteradamente por muchos, era simplemente cuestión de tiempo.

La primera moraleja, por tanto, es que se puede engañar a unos por un rato, pero no a todos ni para siempre. Chávez hizo de las finanzas públicas su coto particular no sólo en el sentido literal de apropiación privada de bienes públicos, sino que manipuló a su antojo todas las variables macroeconómicas y cometió todas las atrocidades técnicas y políticas en las que ya nadie, quizá con la excepción argentina, incide en América Latina. La parte positiva del episodio es que si otros mandatarios quieren saber cómo incubar una crisis grave en estos tiempos, no hace falta que recurran a la historia o al sentido común: volteen la vista hacia Caracas.

La segunda lección es que, al menos bajo estándares mínimos, Chávez es un presidente ungido por una mayoría ciudadana que así lo quiso. Por tanto, es saludable en términos de pedagogía electoral que quienes lo eligieron sepan que su voto tiene consecuencias concretas. El desabasto, el racionamiento eléctrico, la inflación, el desempleo, la caída de la inversión y un abundante etcétera no son obra de los ciudadanos, pero sí del hombre que ellos llevaron al gobierno.

Y la tercera es que la locura ideológica y la chequera petrolera, sobre las cuales Chávez basó sus alianzas con Cuba, Bolivia, Ecuador o Nicaragua, sus bravatas hacia otros países y sus excéntricas relaciones con Irán o Libia, son desde ahora insostenibles y quizá ayude no sólo a producir nuevos equilibrios políticos en América Latina, sino también a fomentar la sensatez y la eficacia en la ejecución de las políticas públicas por parte del resto de los mandatarios de la región.

La crisis venezolana es una buena oportunidad de reintroducir claridad conceptual en el debate actual sobre modelos de gobierno, de elaborar las agendas nacionales sobre fundamentos muy distintos y, sobre todo, de promover, así sea con ajustes dolorosos, la transición hacia una ciudadanía de alta intensidad que ejerza sus derechos y libertades, pero también asuma sus responsabilidades y obligaciones.

og1956@gmail.com

fdm