Jueves 24.09.2020 - 13:45

El fenómeno se llama Miguel

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Rubén Cortés

La principal cualidad de Miguel Mancera como político es que convence a la mayoría de que puede confiarle a él su futuro: desde la señora más conservadora hasta el joven más ambicioso, pasando por los inconformes de toda condición.

Por eso no resultó un azar la notable asistencia de padres con sus hijos, ayer, al inicio de campaña del candidato de las izquierdas al GDF, en el Monumento a la Revolución: la percepción de las familias capitalinas es que Mancera les aporta seguridad y confianza.

Una impresión colectiva que premia su labor como el Procurador que convirtió al DF en una de las megaciudades más seguras del mundo, cuando hace apenas hace seis años registraba los índices más altos del país en secuestros, homicidios y robos de vehículos.

Con Miguel Mancera se cumple una de las principales máximas de la política: “Los jefes sólo son útiles cuando tienen prestigio”.

Era predecible, pues, que el ex Procurador arrancase campaña con la promesa de mantener al DF como una “ciudad segura” y “fortalecer los esquemas operativos de seguridad pública y procuración de justicia, en el marco de la ley y los derechos humanos”.

Posicionado con ventaja de dos a uno en el primer lugar de las encuestas con rumbo a las elecciones del 1 de julio, fue preciso: “No descansaré en la protección de sus bienes y sus familias, vamos por una ciudad en paz y en armonía”.

Enfatizó en el tema que la audiencia quería escuchar, pero, como el buen político que es, no lo repitió demasiado porque sabe que un tema debe ser repetido, pero nunca más allá del momento en que pierde su efectividad.

Así que tocó otros asuntos: trabajar por un nuevo pacto social que culmine con la constitución política de la Ciudad de México, atraer inversión, financiar la creación de empresas y proyectos de coinversión social que generan mayores y mejores empleos.

Sin embargo, lo que quedó de su banderazo de salida fue el convencimiento de que mantendrá al DF fuera de la tragedia en que el gobierno federal panista sumió a la mayor parte del país con su caótica guerra en contra del crimen organizado.

En seis años murieron unas 50 mil personas, según las cifras más coincidentes; se registraron 12 mil desapariciones forzosas y más de 160 mil desplazados, para quienes no hay campamentos porque el Estado no ha establecido una respuesta adecuada, de acuerdo con Naciones Unidas.

Es en ese contexto en que aparece Miguel Mancera como un fenómeno de la política nacional: alguien que, con su acreditada cordialidad, es capaz de alentar el optimismo, que sabe que algo anda mal, pero te convence de que confíes en él para arreglarlo.

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