El forense de Juan Geraldi y Brad Will

El forense de Juan Geraldi y Brad Will
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Hace unos días, Bertrand de la Grange me hizo ver una relación interesante de personajes entre el crimen de Brad Will y el del obispo guatemalteco Juan Geraldi.

El forense Robert Bux de Physicians for Human Rights participó en ambas investigaciones. Lo curioso es que en las dos descalificó análisis que no coincidían con lo políticamente correcto.

Una de las variables más complejas del caso Geraldi es la participación del padre Mario Orantes en el crimen. El obispo fue asesinado en 1998, en un momento por demás delicado y complejo para la historia guatemalteca y cuando se acababa de presentar un informe de los derechos humanos durante la dictadura militar.

El investigador español José Manuel Reverte Coma, quien tiene las mejores credenciales en investigaciones forenses, determinó que en el cráneo del obispo Geraldi había huellas de mordedura de perro, además de los golpes contundentes que recibió en la cabeza. Otros investigadores también confirmaron el dato. Esto es relevante porque el padre Mario tenía un pastor alemán llamado Balú, que contaba con el entrenamiento necesario para un ataque así.

Descalificar a Reverte Coma era importante para tratar de sacar a la Iglesia del embrollo en el que estaban metidos.

La Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala hizo todo lo que pudo para excluir los análisis de Reverte Coma, utilizando los estudios de Bux, lo que al final logró. No pudieron, sin embargo, librar al padre Orantes de la sentencia en su contra por participar en el asesinato.

Bertrand de la Grange y Maite Rico escribieron un amplio reportaje sobre el asesinato y sobre toda la red de complicidades que existieron alrededor de ese lamentable suceso.

¿Quién mató al obispo? Autopsia de un crimen político es un texto en que queda clara la doble moral con la que trabajan algunas ONG y de las rutas, no siempre agradables, que puede tener un crimen de la magnitud del de Geraldi.

En el caso de Brad Will, el doctor Bux es uno de los principales críticos de la teoría de que el periodista estadounidense murió por disparos a corta distancia. Para Bux hay inclusive marcas en uno de los proyectiles, lo que significaría que rebotó antes de penetrar en el cuerpo, como ya se ha dicho.

Si las apreciaciones del doctor Bux son las correctas, ningún miembro del entorno de Will fue el asesino y en la APPO podrán dormir tranquilos.

El problema es que esto no coincide con las conclusiones de la procuraduría de Oaxaca y con las investigaciones de la PGR, por no hablar ya del estudio que realizaron los peritos canadienses sobre el tema.

juljard@yahoo.com.mx

fdm