El futuro del reino

El año que fue
Por:
  • gabriel-morales

Mohammad bin Salman, el príncipe heredero a la corona saudí, se ha transformado rápidamente en una luminaria internacional. A pesar de no ostentar el poder, en un par de años se ha convertido en el mandatario de facto del reino. Por un lado, Mohammad es una figura transformadora.

Arabia Saudita, cuyos ingresos dependen casi enteramente de la producción petrolera, ha comenzado un proceso de diversificación económica.

Uno de los pasos elementales para asegurar este proceso es la integración de las mujeres al mercado laboral. En pocos meses el príncipe heredero ha abierto nuevos puestos públicos para mujeres; ha revocado los poderes de la policía religiosa para encarcelar a mujeres que no cumplan con el atuendo establecido por la ley y, en su más revolucionaria decisión, ha permitido a las mujeres manejar.

Algunos de estos pasos, desde un punto de vista occidental, parecen risibles o cuestiones de derechos humanos básicos; no obstante, esta decisión en uno de los regímenes más conservadores del mundo es en verdad revolucionaria.

El príncipe, además, ha iniciado un proceso ambicioso de expansión de nuevos mercados que incluye un plan para atraer inversión extranjera y turismo internacional. Mohammad sabe bien que si la economía saudita no se diversifica, pronto comenzarán a tener problemas de desempleo masivo como el resto del mundo árabe (en Arabia Saudita más del 50 por ciento de la población tiene menos de 25 años).

Sin embargo, por el otro lado, el príncipe inició una campaña agresiva para concentrar el poder en sus manos, que incluyó el secuestro de cientos de hombres de negocios en el hotel Ritz que fueron forzados a conceder su poder y sus fortunas.

Según testimonios recabados por The New York Times, muchos de ellos sufrieron abusos y tortura. Aunque algunos argumentan que la única manera de pasar las reformas es concentrando el poder en sus manos, es posible que la ambición del príncipe desemboque en una crisis política que ponga en riesgo la estabilidad del régimen.

Aún más peligrosa es la política exterior de MBS (como lo apodan por sus siglas). Al mando del príncipe, Arabia Saudita ha continuado bombardeando Yemen sin cesar, amenazado con obtener armas nucleares para contrarrestar el poder iraní, comenzado un bloqueo económico de Qatar, y se ha involucrado peligrosamente en los juegos de poder en Líbano.

Y es que la ambición del príncipe no se reduce al control interno del reino.

Es claro que MBS busca consolidarse como el mandamás de la región. Es decir que mientras algunos de los cambios internos parecen estar llevando a Arabia Saudita a la “modernidad”, detrás de esta fachada hay un líder peligroso que, en aras de cumplir sus ambiciones políticas, pone en riesgo la estabilidad de la región más inestable.