Viernes 4.12.2020 - 15:06

El huracán Dreamer

#UnDíaSinNosotras
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“Mis padres tenían una tienda de conveniencia en Acámbaro, Guanajuato. Un día un hombre borracho llegó a comprar unas cervezas y mi papá le dijo que no se las vendía. Entonces el hombre sacó una pistola y lo mató”, así comenzó la crónica de su vida Mariela Cruz.

Es una joven guanajuatense de 25 años que hoy vive en Nueva Orleans agarrada hasta con las uñas de su empleo como recepcionista del edificio de residencia de la Universidad de Loyola.

Ahí ella también es estudiante de leyes de tiempo completo y con su empleo ha estado sosteniendo el que hasta hoy era el único gran sueño en su vida: ser abogada.

“Cuando tenía 8 años mi madre decidió emigrar a los Estados Unidos para reunirse con tres de sus hermanos que vivían en una pequeña ciudad al norte del estado de Georgia. Ahí contrataban a mucha gente indocumentada para trabajar en las plantas fabricando la famosa carpeta de los años 90”.

“Mi mamá y yo cruzamos el río en agosto del año 2000, y fue tanto mi terror durante esos días que mi mente borró cualquier recuerdo. Sé de los hechos con base en lo que me cuentan mi mamá y los otros compañeros del viaje”, cuenta Mariela.

“Al ir a la escuela no entendía nada del idioma y los niños se burlaban de mí. La gente habla mucho de lo que sufren los adultos estando lejos de sus familias en un país lejano, pero para un niño es mucho más duro…”

Mariela logró terminar la preparatoria como indocumentada y se las ingenió para aplicar en varias universidades. En todas fue aceptada, pero sus aptitudes académicas difícilmente pesarían más que su condición de ilegal.

“Para costear los gastos trabajé seis meses en la planta de la carpeta donde mi mamá todavía trabajaba después de tantos años. El trato era horrible. No tenían cuidados de sanidad ni agua disponible para soportar el calor que se sentía dentro del edificio en pleno mes de julio”.

“Era tan duro ver que yo tenía que trabajar tanto para poder estudiar mientras mis compañeros residentes obtenían becas y préstamos del gobierno tan fácilmente”, recuerda Mariela, quien pese a su situación de desventaja logró reunir el dinero suficiente para pagar el primer semestre en el Colegio de Leyes de Birmingham-Southern, en el estado de Alabama.

“Después del primer año el colegio me otorgó una beca muy generosa por mis grados, aunque siendo indocumentada no tenía las mismas oportunidades de trabajar en oficinas o viajar fuera del país como mis demás compañeros”.

“En 2012 el presidente Obama anunció el inicio de DACA y con eso mi vida cambió por completo. Finalmente pude obtener un trabajo. Fui elegida para trabajar con mis profesores, asistiendo en el departamento de ciencias políticas. DACA también me permitió trabajar en una firma de abogados durante mi último verano de estudiante y también pude obtener una licencia de conducir. DACA fue una bendición para mí y para mi mamá”

Pero DACA tampoco resolvía todos los problemas de Mariela. La carrera de leyes en Estados Unidos resulta particularmente costosa. En promedio un estudiante obtiene una deuda de alrededor de 150, 000 dólares por los tres años de estudio.

[caption id="attachment_489672" align="alignleft" width="300"] Una joven dreamer llora durante una conferencia a la que asistieron congresistas demócratas el pasado 6 de septiembre, en Washington, D.C.[/caption]

El gobierno suele ofrecer préstamos que cubren esa cantidad con un interés bajo, pero no para los estudiantes indocumentados, que se ven forzados a recurrir a préstamos bancarios con intereses muy altos.

“Yo trabajé por tres años para reunir dinero y costear al menos el primer semestre. A principios de este año empecé el proceso de aplicación para la carrera y gracias a Dios obtuve varias propuestas de diferentes universidades. Elegí la Universidad de Loyola porque cuenta con un gran prestigio en todo el país. Y estudiar leyes en Estados Unidos es un gran logro, seas dreamer o no”.

Hoy el panorama de Mariela, como el de cientos de miles de dreamers de origen mexicano, resulta muy desolador. Pero el impacto que representará la cancelación de DACA en la economía de los Estados Unidos no lo es menos.

Puede resultar tan desastroso como que se perderán unos 460 mil 300 millones de dólares del PIB nacional y 24 mil 600 millones de contribuciones fiscales al sistema de seguridad social.

Pero por lo visto Mr. President Trump tampoco supo hacer cuentas. Así que para huracanes, ¡ése!…