Miércoles 8.07.2020 - 18:28

El imperio de la desmemoria

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Claudia Guillén

Olvidarnos de los demás, parece un hábito que hemos adquirido para evitar que sus propias problemáticas se adhieran a las nuestras como si aquéllas fueran un suerte de virus ajeno que se pudiera contagiar en cualquier momento. No, no es así. Sin embargo, sería difícil negar que hay algunas situaciones a las que rehuimos porque nos despiertan una sensación poco agradable, por no decir, insoportable.

Era el año de 1950 apareció en los cines de nuestro país la película Los olvidados, del realizador español (nacionalizado mexicano) Luis Buñuel (1900-1983). Hace un par de días, el 29 de julio, el director de cine cumplió 32 años de haber fallecido. Buñuel fue un hombre que transitó el siglo XX con un paso firme y redescubriendo nuevas formas de enunciar la ficción: ya fuera a través del relato literario, o bien, del relato cinematográfico.

El también director de Ensayo de un crimen nació en Calanda y fue el mayor de siete hermanos. Sus primeros años de vida los pasó en Zaragoza, para después realizar sus estudios universitarios en la capital de la Península Ibérica. Corría el año de 1918 y diversos movimientos generaban empatía con los jóvenes. En Madrid, España, tenía poco de inaugurada la Residencia de Estudiantes en donde se gestaban nuevas ideas pedagógicas que daban la oportunidad a esos jóvenes de acercarse al conocimiento con reglas menos rígidas.

Es en esta Residencia donde Buñuel establece un vínculo amistoso y estético con Federico García Lorca, Salvador Dalí, Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, por mencionar tan solo a algunos de los personajes que moraban en esa en aquel espacio. Inquieto, como sus compañeros, se integró a tertulias que eran dirigidas por don Ramón Gómez de la Serna. Este aprendizaje, fuera y dentro de las aulas, logró sin duda que Buñuel alcanzara una mirada del mundo muy particular.

Las corrientes naturalistas y surrealistas fueron parte de su entorno cotidiano y ellas lograron insertarse en el imaginario de este gran cineasta, quien antes de la guerra civil española, vivió junto con Dalí en Parí. Allí, además de muchos ejercicios creativos, filman Un perro andaluz (1929) y La edad de oro (1930). En ese mismo año Luis Buñuel viaja a Hollywood como observador.

Partidario de la Segunda República española ejerce distintos cargos, todos relacionados con la cinematografía. Sin embargo, cae esta forma de gobierno y se exilia –como muchos otros lo hicieron– para después deambular por algunos países, hasta que llega a México de donde no se irá nunca más.

Es en nuestro país donde realiza la mayor parte de su filmografía, 23 películas de las que destacan: El gran calavera (1949), Ensayo de un crimen (1955), Nazarín (1958), Viridiana (1961) y El ángel exterminador, éstas últimas coproducidas con Francia. También filmó Los olvidados (1950) que en el momento de su aparición causó molestia a propios y a extraños, pues para los más radicales se trataba de un filme hecho por un extranjero, que se empeñaba en presentar ese México que no se debe mostrar. Incluso se llegó a tomar como una afrenta nacional para un pequeño grupo de poderosos cineastas. No obstante, Buñuel recibe el reconocimiento como Mejor director en el Festival de Cannes en 1951. Uno de tantos reconocimientos que recibiría a lo largo de sus 83 años de vida.

La película que mostraba a ese México como el país temperamental, donde las tragedias parecen apilarse una tras otra para construir un edificio de sentimientos encontrados, se ha vuelto un ícono de la cinematografía mundial.

Pasados 65 años de su primera exhibición podríamos, quizá, tomar un poco de distancia y ponderar los elementos estéticos y la trama de esta pieza hecha por un cineasta que quiso mostrar, desde el conocimiento técnico y humano, un cosmos en que habitan seres que están marginados por su contexto económico y social.

La violencia cotidiana en ese espacio se sustenta como una forma de vida para poder subsistir a ese imperio de la desmemoria a la que se les tiene aislados en el contexto social.

Sí, Los olvidados, toma como escenario una “ciudad perdida” dentro de esta gran urbe. En ella, hay la libertad de que transiten como iguales personajes de muy diverso perfil: los huérfanos, las madres solteras, el ciego y mendigo que se moviliza en tabla con ruedas; el niño indígena que abandonan en esta capital.

La trama inserta diferentes conductas que aluden a la parte oscura de la naturaleza humana. Sin dejar a un lado la elementos eróticos y tanáticos que se enuncian desde el punto de vista de quienes los viven.

Luis Buñuel es un personaje que alimentó nuestra cultura. Él, en sí, era un desmesurado que atrajo muchos mitos alrededor de su vida. Quizá por ello se han generado más de una decena de obras sobre su vida y sobre su oficio.

Existe un libro, para quien quiera acercarse a su vida y su labor creativa que se llama Luis Buñuel: Prohibido asomarse al exterior, escrito por José de la Colina y Tomás Pérez editado por Joaquín Mortiz- laneta, 1986. Creo que es un libro rico pues no sólo recorre la vida de este hombre genial sino que también nos da una clara fisonomía de las interminables complejidades del siglo XX como forjador fundamental de la cultura contemporánea.

Nos vemos el próximo sábado, si ustedes gustan.

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