El nuevo aeropuerto y la mesa que más aplauda

AMLO-Peña Nieto
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Por más que se haya buscado que fueran los especialistas quienes dirigieran la discusión sobre la construcción del nuevo aeropuerto, al final prevalecieron los lugares comunes y la defensa de posiciones ya conocidas.

Lo que ha venido sucediendo es que muchas posiciones terminaron por enquistarse y la mayoría de los debates sobre el tema no fueron ni eficientes ni productivos. Tuvimos la oportunidad de conducir varios programas, al menos seis desde hace más de un año, y si bien se prestaron argumentos a atender en ninguno de ellos hubo el más mínimo acuerdo. Las pullas entre los participantes fueron el común denominador.

Los especialistas no tuvieron la capacidad, y hasta voluntad, para escucharse entre ellos. No pareciera que sus opiniones le vayan a ayudar a los ciudadanos a formarse un criterio para decidir en la consulta porque mucho de lo que vieron tuvieron tintes caóticos. Las posiciones se ven definidas de antemano con información de los especialistas o de donde sea posible.

Éste es uno de los grandes riesgos que se están corriendo con la consulta. No ha prevalecido el análisis porque todo ha estado marcado desde la campaña en que el tema se polarizó y no lo han podido sacar de ahí.

Esto es lo mismo que se ha reproducido estos días, el gobierno electo no terminó siendo tan objetivo como presumió que lo iba a ser. A esto se  suma que quienes encabezan el proyecto Texcoco no han sido capaces de comunicar cuáles son los beneficios de la obra, lo que incluye el plan urbano para la zona. No hay duda que detrás de todo esto existe un trabajo de investigación serio de muchos años; sin embargo, queda la impresión que se les olvidó el entorno, dejaron de comunicar, se enconcharon, y creyeron que todo estaba puesto por haberse llevado la licitación.

La consulta es todo un enigma. No queda claro hacia dónde se pueda dirigir. Cualquier decisión que se tome traerá consecuencias, las cuales igual van a ser económicas y sociales, sin descartar las políticas.

La decisión que se tome de suyo iba a crear enfrentamientos, lo que sucede es que con lo que se ha presentado en las últimas semanas todo se ve más confuso y sobre todo más confrontado. El gobierno electo ha tenido mucho que ver en esto.

No supo tomar la necesaria distancia, o no quiso,  y al final apareció tomando partido por el proyecto de Santa Lucía. Bien se pudieron evitar incidentes como el de las minas, protagonizado por el futuro titular de Comunicaciones. El hecho fue visto como una toma de posición del futuro gobierno en favor de la causa que han enarbolado los campesinos de la zona.

Hemos llegado al punto del no retorno y lo más delicado, y hasta cierto punto grave, es que no queda claro cuál es la mejor opción para buena parte de los ciudadanos. Es probable que la consulta sirva para ratificar criterios políticos, filias y fobias, más que para definir cuál es la mejor opción aeroportuaria para el país.

Visto a la distancia, una decisión de esta naturaleza la pudo haber tomado el futuro gobierno. La consulta es válida y se debe discutir sobre su legalidad. Bien se pudo haber asumido la responsabilidad de decidir con toda la información que ya tiene, y también porque ha estado muy cerca de los grupos afectados.

Una decisión de gobierno, fuera cual fuera, sería respetada y avalada, y más con la legitimidad que obtuvo. La consulta ya provoca cuestionamientos. Podemos terminar en medio de acarreos, los cuales pueden ser claves para definir el futuro del país en una área estratégica.

Estamos a nada de que se opte por uno u otro aeropuerto bajo el síndrome de la mesa que más aplauda.

RESQUICIOS.

Por las razones que se quiera cada vez son más frecuentes y graves los cortes de agua en la CDMX. Algo estamos haciendo muy mal y el destino está cerca de alcanzarnos. Deben pagar por el agua los que más tienen, sin olvidar aquello de que Dios da el agua, pero no la entuba.