Martes 14.07.2020 - 01:55

El Papa Francisco y la dictadura

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Bibiana Belsasso

En junio de 1977 una joven de 16 años, Ana María Careaga, fue secuestrada por los militares durante la dictadura militar en Argentina. Estaba embarazada y pasó los últimos meses de gestación en un campo de concentración siendo torturada.

Su madre, Esther Ballestrino de Careaga, junto con otras víctimas de desaparecidos, inició lo que hoy se conoce como las Madres de la Plaza de Mayo. Ella realizó gestiones con personajes como el entonces presidente de Estados Unidos, James Carter, y con Jorge Bergoglio, el Papa Francisco, quien entonces era el responsable de los jesuitas en Argentina.

Liberaron a Ana María, milagrosamente la bebé que llevaba en el vientre estaba viva y se fueron a Suecia como exiliados políticos para que naciera Anita. A los tres días de ese parto llamaron a Argentina para decir que la bebé estaba bien y se enteraron de que los militares habían secuestrado a Esther con otras madres y dos monjas francesas en la iglesia de la Santa Cruz en Buenos Aires. Sus restos aparecieron hace apenas unos años en una fosa común.

Esther fue jefa de Jorge Bergoglio en su primer empleo, en los laboratorios Hickethier Bachmann, cuando él tenía 16 años. El actual Papa considera a la paraguaya una de las maestras de vida que más influyeron en su formación humanista.

Hace unos días el Papa recibió a Ana María y a su hermana Mabel, quien también perdió a su pareja durante la dictadura militar. Ahí platicaron de la cercanía que tenía el Papa Francisco con Esther y lo que ella le contaba cuando su hija fue secuestrada.

Anita no pudo asistir al encuentro, pero le envió una carta al Papa Francisco:

A Su Santidad Papa Francisco:

No lo conozco a usted personalmente, pero lo he conocido a través de la familia, en especial por mi abuelo Raimundo… A mi abuela no pude conocerla personalmente… por muy poquitos días…, pero claro que —como los grandes hombres y mujeres—, no sólo estuvo siempre presente en mi vida, sino que la marcó a fuego y fue un pilar fundamental de la misma…

Nunca me gustó mi fecha de cumpleaños, siempre me pareció triste. Mi mamá dijo alguna vez —cuando cuenta que llamó desde Suecia a Argentina para dar la buena noticia de que yo había nacido bien, el 11 de diciembre, y allí se enteró que el 8 la habían secuestrado a mi abuela—: “Por tres días, no pude reunir dos maravillas de mi vida”. Eso me resultaba injusto. Me fastidiaba diciembre… Me había tocado nacer en un mes de mucha tristeza, el mes

en que desapareció mi abuela, el mismo

mes en que años después murió mi abuelo…

Pero hoy lo veo distinto. Mi hijo más pequeño nació el 25 de diciembre, y resignificó esa fecha. Ahora quiero creer que desde lo pequeño de mi ser llené de alegría a mi abuela cuando mi mamá apareció y yo, increíblemente al decir de los médicos, seguía viva. Suelo pensar que en los últimos días de su vida, en aquellas oscuras tinieblas, el pensar en que su pequeña hija embarazada de su nieta había vencido a esos “monstruos”, le daba fuerzas a mi abuela para soportar lo insoportable…

Quiero creer que mi abuelo eligió ese mes para irse, porque era el mes en que se llevaron a la mujer a la que tanto amó…

Quiero creer que todo lo que ella le dio al mundo valió la pena… Seguramente mi pequeño hijo llegó el 25 de diciembre, para acompañar su recuerdo y darle un simbolismo aún más profundo a nuestra vida.

Nadie que la haya conocido pudo permanecer indiferente, todos la recuerdan como una maravillosa mujer. Nosotros, su familia, sus hijas, sus nietos e incluso sus bisnietos, la revivimos a diario, intentamos honrarla teniendo una posición ética en la vida. La “revivimos”, la disfrutamos, y la valoramos. Una vida a quien mi abuela dotó de valores que fueron el pilar de mi educación y la de mis hijos, queremos honrarla sin dejarnos llevar por las mezquindades de este mundo.

No me sorprende que usted hable tan bien de ella, pero sí le agradezco de todo corazón que lo haga, su voz es de las más oídas en el mundo y que el mundo sepa de ella la reivindica, a ella y al amor infinito que le brindó a la vida… Creo que hacer pública la figura de mi abuela hará un poco mejor al mundo...

Con sinceros agradecimientos por recibir a mi familia y recordar a mi abuela, infinitas gracias,

Anita

La respuesta es una carta de puño y letra del Papa Francisco en la cual está atento a todos los detalles:

Sra. Ana Silvia Fernández:

Le agradezco su carta del pasado 8, que recibí en Paraguay. Gracias también por la remera y su significado. Su abuela, Esther, me habló bastante de la determinación de su mamá y la valentía que tuvo para afrontar esa situación con apenas 16 años. Ese relato me quedó muy grabado.

Gracias también por lo que me dice en la carta sobre el mes de diciembre.

Recuerdo bien a Raimundo y también a la mamá de él, “la abuela”. Varias veces la vi en la casa

de Hamburgo (la primera vez me perdí en ese laberinto de Parque Chas).

Me dio alegría encontrar a su mamá y a Mabel en Asunción. Nos sacamos fotos y el viernes salieron para allá, vía Nunciatura. Supongo que ellos las enviarán por correo pero, si quisiera, mañana puede llamar a la Nunciatura (4813-9697, Av. Alvear 1605) y pasar a buscarlas para evitar el riesgo de que se pierdan. Añadí también 2 publicaciones del Osservatore Romano, una sobre Esther y otra sobre el encuentro en Paraguay.

Nuevamente, gracias por recibirme. Le pido por favor que rece por mí.

Que Jesús la bendiga y la Virgen Santa la cuide. Cordialmente.

Francisco

Hace unos meses el Papa anunció que los expedientes que tiene el Vaticano del tema de la dictadura militar serían abiertos, para así poder hacer un poco de justicia a las víctimas de esa época tan terrible que se vivió en Argentina.

Por cierto, Anita es la hija del periodista Jorge Fernández Menéndez.

bibibelsasso@hotmail.com

Twitter:@bibianabelsasso