Martes 29.09.2020 - 01:29

El que hace la ley hace la trampa

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Los montones de leyes y reglamentos con que el GDF obstaculiza la apertura de negocios fomentan una red de corrupción que sólo penetran quienes tienen las grandes sumas de dinero que demandan el maiceo a las autoridades y, además, para salir ganando.

Ésa fue una de las causas por las que el Bar Bar, donde balearon a Salvador Cabañas, pudo burlar siempre la verificación de sus instalaciones y sus medidas de seguridad.

¿Por qué?

Porque según la Ley de Establecimientos Mercantiles del DF, estas revisiones sólo pueden ser realizadas por las jefaturas delegaciones y si algún ciudadano pone una queja.

Por eso la Álvaro Obregón no lo supervisó en cinco años: nadie dispuso de tiempo ni paciencia para dedicar las tres horas y 47 minutos que en promedio exigen los trámites en las delegaciones del DF, según encuesta de la Secretaría de la Función Pública hecha en 2009.

Las trampas que propician las leyes permitieron que el Bar Bar funcionara pese a que la SSP capitalina lo fichó desde 2007 como un local donde se vendían drogas y permitía la entrada de clientes armados.

¿Por qué no lo cerraron? Porque las mismas leyes plantean que son las delegacionales las autorizadas para clausurar antros. El GDF les cobra predial, agua, multas y licencias, pero no puede cerrarlos.

Se trata de retruécanos legales urdidos para fomentar la corrupción y que todos los niveles de gobierno se salpiquen de sus dineros.

De ahí el show que montaron el GDF y el delegado perredista de la Álvaro Obregón, Eduardo Santillán, culpándose mutuamente de que el Bar Bar pudiera violar los reglamentos.

El secretario local de Protección Civil, Elías Moreno Brizuela, acusó tanto al ex delegado perredista y hoy asambleísta Leonel Luna como a Santillán, por las irregularidades en las que laboraba el bar, así como de que hace un año Luna debió cerrar el bar y no lo hizo.

Además de las drogas y las armas sobre las que había alertado la SSP en 2007, Protección Civil encontró que el bar funcionaba sin salidas de emergencia adecuadas ni barras de pánico para poder abrir rápidamente, sin material antiderrapante ni extintores suficientes o señalizaciones.

Igualmente operaba fuera del horario permitido por la ley, pasando por encima de la prohibición de vender alcohol después de la 1:30 de la madrugada de domingo a miércoles, y a las 2:00 de jueves a sábado.

Un rosario de arbitrariedades toleradas por el GDF y por la delegación porque les dejaban dinero, muchísimo si se tiene en cuenta que ayer sólo un cliente, el asesino de Cabañas justamente, consumió 17 mil pesos.

¿Cómo es posible que esto ocurra?

Porque quienes hacen la ley.

También hacen la trampa.

ruben.cortes@3.80.3.65

agp