El retroceso brasileño

Enfrentarse a la crisis
Por:

Hace diez años, Brasil era el ejemplo favorito para señalar el camino hacia la salida del atraso. Después de superar casi tres décadas de dictadura, el país tenía un crecimiento económico que parecía no detenerse, la pobreza se combatía con programas sociales muy intensos y el PT, el partido de Lula da Silva, parecía una fuerza imparable.

Hoy Brasil no sólo vive una crisis económica devastadora, sino que se encuentra en una crisis política mayúscula. Después de la destitución de Dilma Rousseff en 2016 y del desastre de la presidencia de Michel Temer, el líder de todas las encuestas para las elecciones de 2018 es Jair Bolsonaro, un militar y político del cual uno puede tener una idea más o menos clara leyendo algunas de las frases que ha lanzado a lo largo de su carrera:

“El único error de la dictadura fue torturar en lugar de matar”. “Preferiría que mi hijo muriera en un accidente de auto antes que verlo saliendo con otro hombre”. “El 90% de los hijos de adoptados por homosexuales van a ser homosexuales y se van a prostituir, con seguridad”. “No te violaría porque no lo mereces, eres demasiado fea”. “Tengo cuatro hijos, pero tuve un momento de debilidad y por eso la quinta fue mujer”. “No voy a combatir ni a discriminar, pero si veo a dos hombres besándose en la calle, les voy a pegar”. “Los pobres sólo sirven para una cosa en nuestro país: para votar”. “Un policía que no mata no es un policía”. “Nunca he golpeado a mi esposa, pero muchas veces he querido dispararle”. “La basura del mundo está llegando a Brasil, como si no tuviéramos suficientes problemas por resolver”. “Con nosotros en el gobierno no habrá tal cosa como política de derechos humanos. Estos bandidos morirán porque no les daremos recursos del gobierno. En lugar de paz, estas ONG le hacen daño a nuestro país”.

Sin medias tintas, Bolsonaro es un misógino, racista, clasista, homófobo y partidario de la dictadura. Y a pesar de ello, llegó al final de la campaña electoral con un promedio de 15 puntos de ventaja en las encuestas. Su agrupación política, el Partido Social Liberal (PSL), ha dado un salto sin precedentes: en la primera elección que participaron, en 2002, ganaron un solo asiento de los 513 de la Cámara de Diputados y ningún senador. En 2015 avanzaron, pero sólo para tener 8 curules. El PSL era una fuerza testimonial en la política brasileña y, sin embargo, ayer triunfaron en la primera vuelta presidencial con casi 45% de los votos y están a dos pasos del poder.

Para ganar la presidencia, Bolsonaro aún debe superar la segunda vuelta, que se llevará a cabo el 28 de octubre y en la que se enfrentará contra Fernando Haddad, el heredero de la candidatura que Lula da Silva no pudo abanderar por estar en la cárcel. El pronóstico de este enfrentamiento es reservado y el análisis debe profundizarse más adelante, pero la simple irrupción de la “ideología” de Bolsonaro es suficiente para comenzar a dimensionar el tamaño del retroceso político en Brasil.