Lunes 28.09.2020 - 13:40

El tabú del incesto

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Luis de la Barreda Solórzano

No ha existido jamás un tabú tan poderoso, tan arraigado, tan antiguo como el del incesto. El matrimonio entre parientes cercanos está prohibido en todo el mundo.

En muchos países, México entre ellos, también se prohíbe la relación sexual entre familiares muy próximos. Mucha gente ni siquiera se ha preguntado nunca el porqué de la prohibición: se ve como natural que no deba haber relación erótica del padre o la madre con la hija o el hijo ni de los hermanos entre sí. La idea de que esos familiares formen una pareja sentimental y erótica, permanente o fugazmente, nos horroriza, sin que nos preguntemos el origen de ese horror. El tema ha sido de interés sobre todo para los académicos.

El origen del tabú ha sido objeto de diversas explicaciones. Una de ellas señala que la exogamia —la unión entre individuos de diferentes familias o clanes— fue un buen modo de asegurar la paz entre los grupos, pues favorecía las alianzas. Otra indica que las especies que se reproducen sexualmente no pueden darse el lujo de perder una gran cantidad de variación genética, por lo que entre los animales mayores y de crianza más lenta, se generaron mecanismos para evitar la cruza interna. “Somos seres hechos para aprender con presteza aquellas cosas que nos ayudaron a sobrevivir en nuestro pasado evolutivo y a reproducir el drama de ese pasado en cada generación… las tenemos alojadas en cualesquiera instituciones que se hayan forjado a partir de los impulsos básicos y de las exigencias de la historia”, apunta Robin Fox en La roja lámpara del incesto.

El problema biológico de la relación incestuosa reside en los genes recesivos. Una mutación para cierta enfermedad puede no manifestarse en una persona que la tiene. Pero si su pareja también la tiene, y ambos se la transmiten a su descendiente, ese factor aparecerá. No sabemos qué mutaciones tenemos. Todos somos portadores de decenas de ellas. Si quienes procrean son hermanos, la probabilidad de que ambas mutaciones coincidan en el hijo es de 25%, mucho más alta que en la población en general.

Alemania, a diferencia de otros países europeos, considera delito el incesto, al que asigna una pena privativa de libertad de dos a tres años. Dos hermanos alemanes, hombre y mujer, que se habían criado por separado antes de vivir en pareja, fueron condenados por un juez penal. Ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo se objetó la norma jurídica porque penaliza una relación consentida entre adultos. El Tribunal ha resuelto que no es violatoria de derechos la penalización del incesto. Pero por mucho que nos repugne la cópula incestuosa, la pregunta es si el Estado está legitimado para prohibir, castigando con la más severa de las sanciones —la prisión—, el coito entre mayores de edad con capacidad psíquica de comprender el significado de su conducta. Podría argüirse que se trata de proteger a los posibles descendientes, pero entonces el contraargumento sería que lo que debe prohibirse en la ley es la procreación, no la unión o la cópula de la pareja. Y aun si ésta tuviera hijos, es dudoso que encarcelar a los padres sea la respuesta estatal más adecuada.

lbarreda@unam.mx