El villano natural y el villano favorito

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • Valeria-Martija

Estamos casi a mitad de un año agitado: campañas presidenciales que incluyen candidatos incómodos; atentados terroristas de alto calibre; entronización

de dictadores.

Pareciera que este 2016 pasará a la historia como el año en el que los actores políticos decidieron “salir del clóset” y mostrar su parte más oscura. Un año en que la tolerancia, la paz y la democracia han sido valores a la baja.

El villano natural para los mexicanos es Donald Trump quien ha hecho una campaña racista, sexista y discriminatoria. Y ni se avergüenza ni se disculpa por ello. Trump ha llevado la incorrección política al límite y expresado frases que –en otros tiempos políticos– lo habrían echado de la escena pública.

El cinismo de Trump ha sido útil pues nos ha mostrado los verdaderos sentimientos morales de buena parte de la ciudadanía norteamericana: esos con los que convivimos en las fronteras, en el día a día, con los que hacemos negocios y que no pueden dejar de pensar que somos inferiores, molestos y desagradables.

El discurso de Trump es muy parecido al de Hitler y ambos sonorizan los rencores, los desprecios, escondidos en el ciudadano común y corriente de sus países. Por ello, mitigar el racismo en contra de los mexicanos será, sin duda, una asignatura pendiente de la siguiente administración de la Casa Blanca.

El villano favorito es Nicolás Maduro quien pasó de disimular una elección democrática a descararse y asumirse como un dictador. Espero equivocarme, pero creo que estamos a días de ver un autogolpe de estado y el regreso de las dictaduras militares a nuestro continente. El fantasma del caudillismo no abandona a la región y eso hace que los liderazgos se transformen en mesianismos.

¿Qué fue de ese luchador que buscaba el bienestar de su patria? ¿En dónde quedaron los ideales? ¿Cuánto costó corromper su alma? ¿Valía tanto la borrachera de poder? No lo creo. Pero hoy el nombre de Nicolás Maduro resuena a absurdo, a ambición desmedida, a ligas con el narcotráfico, a dictador. Conceptos que antes, él mismo combatía. Una lástima.

Trump y Maduro son dos modos de intolerancia: la fotografía de un cáncer que se expande por nuestra región. Es doloroso ver cómo se hacen metástasis de la ambición, del capricho, de la cerrazón que harán mucho daño a la salud social.

Echo de menos los días en que ser un intolerante o un dictador eran una vergüenza histórica insoportable; extraño cuando decir la verdad valía más que el insulto fácil; esos años en los que la igualdad entre los ciudadanos era un valor importante, incontrovertible. Cuando la justicia, la equidad y la tolerancia eran las ideas rectoras de los discursos políticos.

No dejo de preguntarme en qué fallamos y cómo fue que llegamos a este escenario. Solo encuentro una respuesta: los intereses suelen vencer a los principios.

valeria.lopez@anahuac.mx

Twitter:@ValHumanrighter