Eleccion de cada quien

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Por:

Claudia Guillén

La cultura Maya echó sus cimientos en la región sur del país. En el estado de Yucatán podremos encontrar testimonios arquitectónicos, gastronómicos y sociales que dan evidencia de ese pasado precolombino. Siglos más adelante en este mismo estado, particularmente en la ciudad de Mérida, se gesta un sinnúmero de reformas sociales lo cual resulta atípico para el resto de la República Mexicana e incluso del resto del continente.

Es el año de 1915 y mientras el país se desmembraba por las guerras revolucionarias, Yucatán parecía inerme a ellas. Además su economía era fuerte y su geografía les permitía establecer comunicación marítima que le posibilitaba llegar a Cuba, Europa y Estados Unidos.

Con el impulso del gobernador Salvador Alvarado y tomando en cuenta el contexto de la época que pone acento en conformar una sociedad que dé prioridad al conocimiento tanto de su origen como del que emanaba de otras culturas, en el siglo XIX se abren, pues, escuelas dirigidas para encausar el conocimiento en la población femenina.

Quizá, por ello, no es de extrañar que justo en la ciudad de Mérida el 13 de enero de 1915 se inaugure en el teatro Peón Contreras el Primer Congreso Feminista. Donde se llevaron a cabo diversas reflexiones sobre la situación de la mujer y su entorno.

Esta circunstancia influye, sin duda, para que las mujeres nacidas en las últimas décadas del siglo XIX tengan una vocación por alimentar su conocimiento y estar a la par de los diversos movimientos en favor de la mujer que se estaban dando en el mundo.

Para ilustrar lo dicho, líneas arriba, podríamos tomar el ejemplo de la escritora yucateca Dolores Bolio (1880-1970), quien creció cobijada en este entorno, y por ende, se fueron generando en ella diversas inquietudes que la llevaron a radicar en La Habana, en Estados Unidos y en Europa. Con estas experiencias de vida adulta junto con la memoria de sus primeros años en Mérida donde comenzó con enseñanzas que la marcarían de por vida.

Entonces, Bolio, se perfiló como una mujer que no sólo publicó más de una decena de libros, entre poesía y narrativa, sino que también ejerció el oficio de traductora y crítica de arte. Fue, además, amiga cercana de José Santos Chocano, Amado Nervo y Salvador Díaz Mirón, por mencionar algunos nombres.

El caso de Bolio es representativo dentro de un sinfín de mujeres de la época que se dieron a la tarea de cambiar la forma en que se les percibía como género femenino. Mujeres que se reconocían como un género fuerte capaz de llevar a cabo actividades tanto intelectuales, como políticas.

Es común que asociemos la figura de la mujer con la maternidad y consideremos como privilegiada por tener la oportunidad de “dar vida”. De hecho desde tiempos muy remotos, como la cultura griega, se ha festejado a la madre y esta celebración se ha continuado con el pasar de los siglos.

Aunque si les parece bien vamos a centrarnos en principios del siglo XX y en nuestro continente. Ya que en el estado de Filadelfia Ana Jarvis impulsó ante grupos de poder, ya sea político, económico y religioso la idea de homenajear a las madres como una forma de reconocimiento por su labor en el día a día.

La idea de Jarvis se fue trasminando no sólo en EU sino en más de cuarenta países a nivel mundial. México no fue la excepción y en el año de 1922, según algunas versiones, el periodista Rafael Alducín, director del periódico Excélsior, realizó una serie de dinámicas dentro del mismo diario —con el apoyo del entonces Secretario de Educación José Vasconcelos— para que se oficializara el Día de las Madres.

No obstante, también existe la versión de que, en realidad, el germen de esta efeméride se da a partir de una iniciativa del movimiento feminista de la Península de Yucatán, donde dentro de los temas nodales que les preocupaban era el de la planificación familiar para así apoyar la idea de la maternidad como una opción y no como un deber. Premisa que toman de los textos que escribió al respecto la enfermera estadounidense Margaret Sanger y quien funge como pionera de del derecho de la mujer a decidir si es madre o no lo es.

Así, pues, el 10 de mayo tiene orígenes, francamente, importantes donde el eje es la preocupación por la dignidad de la mujer en el siglo XX y XXI. Es cierto que la idea inicial se ha ido trastocando y esta celebración se ha comercializado y para muchos tiene un valor muy especial y, para otros no tiene ningún significado.

En nuestro país ya sea en la frontera norte o sur cada quien tiene su propia percepción para así conmemorar a sus progenitoras. Me parece que la idea central del derecho a elegir si se tiene hijos o no, se puede aplicar también para elegir si se quiere festejar a las madres en esta fecha. Será elección de cada quien y con ello, por qué no decirlo, se mantendrá la esencia del origen de la fecha que conmemora a las mujeres que tuvieron la oportunidad de elegir si querían ser madres.

Nos vemos el otro sábado, si ustedes gustan.

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