Emoción vs razón; AMLO-Anaya vs Meade

Fase 2
Por:

El ganador del segundo fue quién usted diga, quién a usted le guste; convenza o resigne. El campeón ¿sin corona? es José Antonio Meade; el único articulador de propuestas, mejoró desempeño, ¿suficiente? Veremos. Si la emoción decide, AMLO y Anaya serán finalistas; si la razón se impone...

El foro y formato del segundo debate exhibieron, otra vez (sin sorpresa ni merma), las debilidades mediáticas de López Obrador. Refugiado en la inmovilidad, aferrándose al micrófono, como pintor a la brocha para no caer; a su refranero, al catálogo mínimo de soluciones morales para males nacionales, bilaterales o globales.

Pero el debate mostró también la fuerza de AMLO. Poderoso imán de las ganas y talentos escénicos de Ricardo Anaya; la astucia y determinación del panista fueron a buscarlo una y otra vez, hasta que, por intensos segundos, activó el talante violento del tabasqueño: “cuido mi cartera, canallita o Riqui riquín canallín…” pero ello, ¿sorprende?, ¿altera opiniones negativas o positivas respecto al personaje? No.

José Antonio Meade dijo el sábado: “mañana vamos a demostrar que somos los más chingones”. Presagiaba un desempeño más agresivo, sabedor que el domingo había de elegir contundente, decididamente, un solo adversario, de cara al gran público, y que ése, no podía ser ya más el segundo de las encuestas.

Sin embargo, el mejor candidato de la contienda, Pepe Meade, fiel a su esencia, fue respetuoso, centrado, inteligente; y así cedió los reflectores emocionales a la bronca Anaya-AMLO y al chistoso que provocó un momento climático: sacar a López Obrador de su espacio para saludar a Meade y a Anaya; el “trucazo” de El Bronco pretendía acercarlo y entregarle el compromiso de renunciar a 3 mil millones de pesos de financiamiento público, que sólo sirvió para que el de Morena sonriera, abrazara de mentís y se activara en modo AMLOve. Gran favor de Rodríguez a López.

Cada vez que Ricardo Anaya cruzaba el escenario para ir por Andrés Manuel, el testigo sonriente del fondo era José Antonio Meade. Cuando el panista sacó de sus casillas a AMLO, el del PRI-PVEM-NA fue uno más entre el gran público presente y ausente. Casi cuatro millones de testigos a través de Internet.

Meade apuntó que faltaba hablar del combate al lavado de dinero; un asunto relevante y del cual, Anaya conocía, pero desde el lado opuesto de la ecuación. O sea, Meade quiso decir: “Ricardo, tú lavas dinero”. La infinita, respetable y plausible corrección intelectual del campeón lo vaticinan sin corona.

Sobre “México en el mundo”, omitieron la “elección” en Venezuela y la sucesión en Cuba. En cuanto a Trump, los cuatro fueron coro sin sustancia: “yo no voy a permitir, bla, bla, bla”.

El pueblo en el debate nos aterrizó por encima de los oficios de moderadores y debatientes. No hubo machucones por cronómetro. La dirección de cámaras exterminó la escena del abrazo, saludo, gesto o mueca. Fatal.