Jueves 24.09.2020 - 16:43

En el chapoteadero

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

-PRIMER TIEMPO: El gran Paco, el gran ausente. El Club de Toby no pudo estar completo. En la terraza de The Palm, el restaurante que nació en Nueva York y en México es comedero favorito de los políticos, departieron viandas y pláticas que se guardan para ellos el líder del PRI, Humberto Moreira, el gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, el presidente del Senado, Manlio Fabio Beltrones, y el dirigente del Sector Popular del partido, Emilio Gamboa. Photo opportunity, le llaman en Estados Unidos al utilizar las imágenes y los símbolos como mensaje político. ¿Que estaban peleados Enrique y Manlio? Pues eran sonrisas las que compartían. Gamboa fue invitado por Moreira, el celestino, porque es amigo de los dos y su sangre ligera ayuda a romper cualquier hielo.

Moreira y Peña Nieto, dos representantes de la generación del PRI que no se incubó en el sexenio de Luis Echeverría; Beltrones y Gamboa, representantes conspicuos de esa generación que hasta biológicamente ya va de salida. Muchos hablaron de la ausencia de a quien se señala como el culpable de las batallas pírricas entre Beltrones y Peña Nieto, Francisco Rojas, líder de los diputados del PRI. Rojas, el gladiador número uno en San Lázaro contra toda iniciativa que sale del Senado, no recibió invitación a la tertulia. La versión oficial es que estaba en Washington en una reunión con legisladores. No es seguro que Rojas hubiera sido convidado de cualquier forma. Su relación real en ese cuarteto es con su compadre Gamboa; siempre ha estado en grupo político diferente al de Beltrones; y con los otros dos, su relación es de nuevo cuño. Es mexiquense pero no es incondicional de Peña Nieto como sí lo es del ex presidente Carlos Salinas, quien no puede sanar la herida en su corazón que le causó el gobernador, al acercarse en afectos y estrategias a incondicionales del ex presidente Ernesto Zedillo, a quien nunca se podrá extirpar del hígado.

 SEGUNDO TIEMPO: Maricarmen, ¡por el amor de Dios! Eso de no conocer bien a las mujeres en el servicio público puede ser bastante perjudicial. Más aún si no saben mediarlas. Eso es lo que acaba de suceder con María del Carmen Alanís, que resultó más dura que su padre, procurador general de Justicia del Distrito Federal en tiempos de José López Portillo. Doña Maricarmen invitó a cenar a cercanos del gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, evento que se filtró al PAN y el PAN se montó en su vehículo favorito, Reforma, para enderezarle una campaña en vísperas que el Tribunal Electoral, que ella preside, decidiera sobre si multar o no a los mexiquenses por violación a leyes electorales. Las balas de tinta no la doblaron, y encabezó la votación esta semana para desechar la querella. Por ello, el PAN la acusó sin mencionarla de aprovechar su tarea “para tejer redes de poder y corrupción”, y de cuidar sus intereses, sugiriendo una filiación priista, que sí tiene en la sangre, pero que hasta ahora no se ha probado que sea hereditaria. De hecho, si hubiera una vena tricolor en su cuerpo, sería beltronista, pues es cercana al senador como no lo es de Peña Nieto. Pero aún más cercana en los últimos años está de Margarita Zavala, la eficiente operadora política y esposa del presidente Felipe Calderón, y fue uno de los resortes que se movieron fuertemente en el Tribunal en 2006 para que se ratificara la victoria electoral del candidato panista. Los azules quisieron jugar fuerzas con ella y amedrentarla con los periodicazos, pero Alanís resultó no ser una mosca asustadiza, sino echarse para adelante. Después de todo, debajo de su toga tiene muchos secretos del PAN y el Ejecutivo actual.

 TERCER TIEMPO: Qué le vamos a hacer, la torpeza sale a borbotones. Uno nunca sabe porqué los políticos siempre incurren en errores impensables. El gobernador de Morelos, Marco Antonio Adame, es el último de la estirpe. Fue un asesinato en Morelos, entre cuyas víctimas se encontraba el hijo del poeta Javier Sicilia, lo que volvió a galvanizar a la sociedad mexicana y a unirla en la protesta por la inseguridad y exigir a las autoridades la pacificación del país. Adame, que se encuentra empapado por la tormenta, tuvo la ocurrencia de firmar el mismo día que arrancó una marcha de Cuernavaca a la ciudad de México, con lo que iniciaron cuatro días de movilizaciones nacionales, un pacto por la seguridad en el estado con diputados y jueces. “No es momento de regateos o mezquindades —pidió—, sino de generosidad social y política para coincidir en acciones y compromisos públicos y verificables”. Regateo y mezquindad exuda su cuerpo. Ni una palabra dijo en la reunión sobre la marcha de Sicilia, que ha convocado a múltiples sectores políticos y sociales. Qué bueno que roza la necesidad de pasarlo a rendir cuentas, pues lo verdaderamente público y verificable es la violencia creciente en Morelos, la participación de policías municipales en muchos de esos actos delincuenciales, y como sus estructuras de seguridad y procuración de justicia, en lo más alto de la cadena, han tenido que ser remplazadas por trabajar para el narcotráfico. Tiene razón Adame cuando menciona “la fundada preocupación y la indignación por el dolor y el daño al tejido social que genera la violencia, la delincuencia y la impunidad”. Sabe de ello: el gobernador no es parte de la solución en Morelos, sino problema inherente al problema, al encontrarse en el eje de tan terrible desgracia.

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