Lunes 28.09.2020 - 15:00

Encrucijada en Tailandia y el Nobel de Dylan

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Van unas reflexiones sobre el fallecimiento el 13 de octubre, del rey tailandés Bhumibol Adulyadej, y para no quedarme con las ganas, me sumo del lado de los “puristas” por la polémica decisión que tomó la academia sueca al otorgarle el Nobel de literatura a Bob Dylan.

 Futuro incierto. Tailandia es un país que ha tenido una historia política peculiar. En 1932 dejó de ser una monarquía absolutista para convertirse en una monarquía constitucional. De los 84 años que nos separan de esa fecha, en más de setenta de ellos, Bhumibol —o Rama IX— fue el monarca de la nación siamesa. Con su muerte terminó el reinado más longevo del mundo y de la historia de Tailandia. En todos estos años, la “democracia tailandesa” ha sido más bien precaria. La historia de las últimas décadas se resume a la celebración de elecciones alternadas con trece golpes de Estado. Actualmente, el país es controlado por un primer ministro no electo, Prayuth Chan-ocha, impuesto por una junta militar tras el último golpe, en 2014, por el que se dio término a los últimos gobiernos civiles. Sin embargo, durante todo su reinado, la familia real, y particularmente Bhumibol, gozaron de un notorio prestigio y representaron un símbolo de unidad para el país.

El panorama de la política tailandesa se torna complejo. La junta militar no sólo no convocó pronto a elecciones en 2014, sino que apenas en agosto de este año, sometió a referéndum una nueva Constitución —la vigésima— que para todo efecto práctico, no sólo significa incrementar enclaves autoritarios, como la designación de senadores o la posibilidad de deponer al primer ministro y su gabinete por motivos tan caprichosos como la falta de "estándares éticos", sino que además legaliza su permanencia en el poder. La muerte de Bhumibol no podía ser más conveniente para el actual gobierno: el monarca tradicionalmente fue un dique de contención del poder militar, y el príncipe heredero Maha Vajiralongkorn, no cuenta ni de lejos con el carisma del padre. Lo que es más, tanteando la situación con el gobierno militar, ha anunciado que se esperará hasta que termine el duelo —decretado por un año— para que se realice la coronación. Se convocaron elecciones en 2017 para el arribo de un gobierno civil. Los incentivos democráticos no parecen estar alineados. En una época donde la democracia está muy cuestionada por el mundo, situaciones como la de Tailandia la revaloran.

 Mal día para la Literatura. No es la primera vez que la academia sueca toma una decisión polémica. Por afirmación (Winston Churchill) o por omisión (Jorge Luis Borges), el premio lo han entregado a quien no tiene descollantes méritos en la materia o negado a quien sí los tiene. Pero, ¿Bob Dylan? ¿Acaso es mejor perfil literario —se insiste— que Haruki Murakami, Anne Carson, Joyce Carol Oates, Amos Oz, Don LeLillo, Philip Roth, Teju Cole o Milán Kundera? Si a esas vamos, mejor hubieran reconocido a Paul McCartney o Elton John. Y de darse por enterado, pues ya ni hablemos, ¿no?

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