Engana el PAN a nina con fiesta de quince

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Por:

Rubén Cortés

Con una mezcla de sus excelentes artes diplomáticas y una dosis de buena suerte, el Canciller José Antonio Meade consiguió que Alondra Luna Núñez, de 14 años, regresara a México inmediatamente después de ser llevada a Estados Unidos, reclamada por alguien que decía ser su “verdadera madre”.

La barbaridad jurídica en México, de permitir que agentes de la Policía Federal cumplieran la orden de la Interpol de llevarse a la chica por la fuerza a Texas, fue resuelta en horas por Meade con una solución muy sencilla, pero que en el contexto parecía más que imposible: un examen de ADN.

El secretario de Relaciones Exteriores convenció a la señora Dorotea García, mexicana establecida en Houston, Texas, y quien reclamaba como hija legítima a Alondra, que accediera a una prueba genética. Al resultar que Alondra no era su descendiente, le permitió volver a casa.

Pero si la señora negaba el examen, Alondra se quedaba allá y se habría abierto un contencioso bilateral que, con las elecciones intermedias este primer domingo de junio, el caso hubiese tenido consecuencias políticas imprevisibles, casi como las del balserito cubano Elián en 1999.

Dorotea García no estaba obligada por ninguna ley a hacerse el examen sin previo mandato judicial, pero el canciller le hizo entender las connotaciones del asunto. El buen entendimiento entre ambos puso fin a la displicencia, por decir lo menos, de la jueza Cinthia Elodia Mercado, de Los Reyes, Michoacán.

Sin embargo, el caso contaminó de todos modos el proceso electoral doméstico. El PAN aprovechó la simpatía mediática que despertó Alondra y convenció a su padre para que la familia desfilase por las calles de Guanajuato.

Incluso, la ex candidata panista a la Presidencia, Josefina Vázquez Mota, una de las políticas mexicanas que más se preocupan por los derechos de los mexicanos en el exterior, anunció que escribirá un libro sobre la tragedia de Alondra.

Pero la abanderada panista a la alcaldía de Guanajuato, Ruth Lugo, llegó más lejos: ofreció pagar la fiesta de 15 años a Alondra en agosto, aunque canceló esa promesa después del escándalo por usar a la chica en sus mítines, a cambio de sufragarle el festejo, según acusó la madre, Susana Núñez.

Hay que reconocerle finalmente capacidad autocrítica a la abanderada panista, pues ayer aceptó que su promesa a la niña fue “al calor de las circunstancias y después, cuando ya analizas y la polémica, la verdad es que uno piensa: pues ya mejor no”.

Pero la lección que queda del caso Alondra es que José Antonio Meade mostró, otra vez, una cualidad que ya empieza a ser proverbial en él: sentido de la oportunidad.

Y, en política, no hay mejor acierto que ése.

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