¿Era Trump necesario?

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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En múltiples ocasiones hemos escuchado incredulidad ante la popularidad del magnate que pretende ser presidente de Estados Unidos; argumentos que tachan de ignorantes, fanáticos y locos iracundos a las personas que se arremolinan en torno al candidato y que vociferan ferozmente respondiendo a su llamado. Racistas, retrógrados, radicales de derecha, basura blanca. Los calificativos no han parado llegando a ser tan violentos y degradantes como las actitudes que pretenden denunciar.

Donald Trump es una persona con una cuestionable trayectoria de negocios y posturas morales que nada tienen que hacer al mando de Estados Unidos. Sería muy negativo que llegara a la presidencia apoyado en sus discursos racistas, machistas y llenos de odio, desprecio y autoritarismo. Sin embargo, una cosa es este repudiable personaje y otra son sus votantes.

Trump ha hecho eco en un porcentaje importante del electorado porque responde a una realidad: el enojo que existe ante una situación económica que es un callejón sin salida para miles de familias de bajos recursos. El votante trumpiano no necesariamente es un racista armado lleno de odio que no es capaz de leer ni escribir; es una persona cansada de tener trabajos sin posibilidad de mejora que penden de un hilo por los avances tecnológicos o por el fenómeno de la globalización; es el habitante de poblaciones que agonizan ante la partida de la fábrica que era la única razón para colocarlas en el mapa; es la familia que, sin tener acceso a la educación, sólo puede concentrarse en el presente de sus salarios insuficientes y de la competencia cada vez mayor que representa la migración y la diversificación de un mundo con fronteras porosas.

Trump es un encantador de serpientes. El magnate, con su gabinete económico de millonarios, pretende ser la solución a años de un crecimiento apenas perceptible y de salarios atascados en la mediocridad. Sin embargo, pretende ignorar que en una situación global como la que hemos vivido, es un milagro tener una tasa de desempleo tan baja. Además, la reducción de la fuerza laboral de nuestra generación también impacta la capacidad de crecimiento que tienen los países. Las respuestas simplistas de Trump poco pueden hacer para solucionar un problema tan complejo, sin embargo sus votantes tienen un reclamo legítimo.

Las elecciones son guerras de sentimientos. Por esto vemos ahora a Clinton abrazando banderas de Sanders para captar a votantes con el enojo que Trump ha sabido identificar. Salarios regulados, alto al endeudamiento estudiantil, apoyo a la mano de obra local… son medidas que buscan dejar de ignorar a la población más gris en favor de las élites. Lástima que se necesitara un Trump para llegar a esto.

msalomonf@gmail.com