Martes 7.07.2020 - 20:40

Es el Populismo, Estupido

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Rodolfo Higareda

El primer debate entre los aspirantes a la candidatura presidencial del Partido Republicano, develó mucho más de lo que los estudiosos de la política norteamericana podíamos pensar. La primera sorpresa fue la facilidad con la que Donald Trump eclipsó a sus contrincantes, simplemente repitiendo su por demás hueca idea de que hay que levantar un muro para impedir la entrada de migrantes mexicanos indocumentados. Puso el tema sobre la mesa, y todos los demás aspirantes bailaron al ritmo que les marcó; lo más impactante: ninguno se atrevió a contradecirlo.

De hecho, sus rivales fueron sumamente tímidos al abordar el asunto migratorio. Se hizo evidente que una falacia populista puede venderse muy bien entre un electorado frustrado por la administración de Barack Obama (y el empresario ahora candidato, sabe hacer justo eso). Jeb Bush —que proyectó menos energía que un jubilado de la Florida— se limitó a señalar que se requiere una reforma migratoria, pero fue muy claro al señalar que no respaldará una amnistía generalizada. Marco Rubio —el otro contrincante con posibilidades— coincidió plenamente con la necesidad de construir el muro fronterizo; su única preocupación al respecto fue que se tendrían que vigilar el subsuelo en caso de que el Chapo hiciera un túnel.

Sumamente inquietante resultó escuchar a los diferentes aspirantes, hablar sobre los riesgos que enfrenta Estados Unidos en el mundo. Ahí se mencionaron únicamente a China, a Rusia, a los terroristas del Estado Islámico y tristemente a México. Nada bueno dijeron de nosotros los Republicanos, nada en absoluto. Ni siquiera Bush, que está casado con una paisana. No mencionaron que somos su primer socio comercial, no hablaron del sacrificio que hacen nuestras fuerzas armadas en la lucha contra el narcotráfico, nada del intercambio turístico, ciertamente no reconocieron a los millones de sus compatriotas de origen mexicano que han contribuido y contribuyen a su bienestar y seguridad. Por el contrario, hablaron del país y de nuestra gente como un problema que hay que atajar con urgencia por el supuesto “daño” que les ocasionamos.

Una sociedad frustrada y enojada con la manera en que los políticos tradicionales conducen sus destinos, es proclive a experimentar por la ruta del “líder ciudadano”; o bien es presa fácil de merolicos que dicen tener la solución a sus aflicciones. El fenómeno es añejo y se ha repetido muchas veces a lo largo de la historia y en diferentes latitudes. Ahí están las trágicas experiencias de Mussolini y Hitler; y las más reciente en Europa (toda proporción guardada) con los gobiernos griegos que quebraron a la economía helvética. En América Latina la lista es muy larga, pero con los ejemplos de Fidel Castro y Hugo Chávez es más que suficiente. Y ahora el turno es de los Estados Unidos, con el puntero republicano en las encuestas; un hombre que ha sabido dirigir el desaliento de su pueblo hacia México.

Pero además, debajo de este populismo ramplón yace algo mucho más sórdido: el racismo. Porque el populismo echa mano de argumentos simples, como el que los judíos son la causa de la depresión económica; o que el sabotaje de los gringos causa el desabasto de alimentos; o que hay un compló de la mafia en el poder. Pero el racismo va mucho más allá y es un fenómeno muy complejo. Esa combinación es sumamente peligrosa, porque hoy somos los mexicanos, mañana puede ser cualquier otro grupo.

Lo mejor que puede ocurrir es que los Republicanos le cierren el paso a Trump y éste se vaya de independiente, dividiendo a ese partido y abriéndole la puerta de la Casa Blanca a Hillary Clinton. Otra posibilidad es que venda su candidatura al mejor postor (finalmente lo suyo es el dinero). El peor escenario es que gane la presidencia, en cuyo caso la respuesta para los despistados sobre la estrategia que lo llevó al triunfo sería: Es el populismo, estúpido. Hoy por lo que vemos, ese fenómeno está muy arraigado en la política de nuestros vecinos, tentando a su gente y bien representado por Sarah Palin y colegas del Tea Party. Por desgracia para nosotros, en unos cuantos años lo veremos tocando con fuerza en nuestra puerta durante las próximas elecciones presidenciales; y lo peor es que nadie experimenta en cabeza ajena. Hagamos lo que esté en nuestras manos para evitar que charlatanes con aspiraciones dictatoriales nos vendan cuentas de vidrio a cambio de la esperanza.