EU: decepción democrática

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • montserrats-columnista

En los últimos encuentros que ha tenido el presidente estadounidense, Barack Obama, con la prensa se ha dejado sentir una cierta decepción. Obama, si bien se nota ya relajado mientras termina de cerrar asuntos y empaca sus cosas para dejar la Casa Blanca, muestra el desencanto que sentimos muchos ante la situación política que refleja la actual carrera hacia la presidencia en los Estados Unidos.

Sin duda, el ascenso en las encuentras de Donald Trump y su virtual nominación como candidato a la presidencia es un fenómeno digno del más fino escrutinio político y la más detallada investigación sociológica. Es lo impensable, el absurdo y la autodestrucción de un sistema hecho candidato. Sin embargo, es una realidad y amerita atención ya que no es un fenómeno aislado.

¿Cuál es la virtud de Trump? Conectar con los sentimientos de ira y frustración de un grupo bien delimitado de personas. El populismo de su mensaje –lleno de frases incendiarias y mentiras descaradas que simplemente buscan un culpable de los males que se sufren actualmente- arrastra masas enfurecidas que no buscan ya soluciones políticas sino ataques, venganza y la restitución de un régimen anterior que los dotaba de mayores privilegios (aunque esto, en muchas ocasiones, sea una más de las mentiras que el populista emite).

La democracia –gobierno de mayorías- se ha dado un tiro en el pie al no poder distinguirse del populismo.

Los candidatos de la furia son cada vez más comunes. Posturas extremistas de izquierda y derecha; populismos que ni siquiera son clasificables políticamente que buscan el poder obteniendo votos de descontento, de ira y de discriminación. Ahora, el peligro se siente más cercano porque el loco en turno puede hacerse con el ejército más poderoso del mundo. ¿Queremos ver en manos de Trump decisiones que pueden llevar a la muerte a cientos de miles de personas? No, no lo queremos pero ahora es una posibilidad real. La democracia se ha vuelto loca.

El mundo vive tiempos convulsos: crisis económicas internacionales, conflictos bélicos, extremismos religiosos, terrorismo, crisis energética generalizada, desastres naturales y cambio climático. Sin duda, es un tiempo de riesgo que tendrá que redefinir las categorías geopolíticas y culturales. En este momento, la mayor amenaza que enfrenta nuestras moribundas democracias está representada por los Trump del planeta: psicópatas ávidos de poder que utilizan las fallas de los sistemas políticos y la incertidumbre social para hacerse de altos cargos, prometiendo soluciones sencillas a problemas que requieren verdaderos estadistas y cooperación internacional.

El odio y la ignorancia de la mayoría… La democracia ha generado su propia y decepcionante destrucción.

msalomonf@gmail.com