EU: entre la tension ideologica y la racial

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Por:

Luciano Pascoe

Con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, el Partido Republicano entró en una fase de radicalización de sus posturas. El color de piel del presidente de Estados Unidos y su segundo nombre ( Hussein) sirvieron de pretexto para que los complejos de un amplio segmento conservador de ese país se corriera a la derecha.

El ala más a la derecha de la sociedad norteamericana enfocó baterías para desenmascarar una conspiración que buscaba ocultar el lugar de nacimiento de Obama —nació en Hawai— y argumentaban que fue en Kenia. También aseguraron que era musulmán, en un sector de la sociedad donde esa religión se asocia irremediablemente con terrorismo.

La campaña de Obama y su triunfo electoral despertaron el monstruo conservador y radical de muchos estadounidenses. Ese monstruo estaba adormecido desde el final de la Guerra Fría, cuando la propaganda y persecución anticomunista era su deleite. El plan nacional de salud del presidente, llamado Obamacare, fue señalado de anticapitalista.

Con la llegada de un hombre negro nació el tea party y, muy pronto, sus posturas más radicales encendieron las praderas del conservadurismo, al punto que republicanos más moderados fueron desplazados de sus escaños en los congresos.

El tea party intentó secuestrar la política, tomó el micrófono por horas para impedir que llegaran fondos públicos al Obamacare y logró que el Gobierno federal se quedara sin recursos. La capacidad conciliadora de las posturas moderadas, entre republicanos y demócratas, se perdió por el radicalismo.

Hoy, a menos de 18 meses del fin de la presidencia de Obama, la derecha más radical de la política estadounidense —la xenófoba y racista— ha adoptado la forma de Donald Trump.

Él, con su pensamiento maniqueo en que los blancos anglosajones protestantes (WASP) son los buenos y el resto los malos, cosecha la siembra del ciego desprecio a quien se ve distinto. Los WASP sienten que su país está bajo el asedio de negros y latinos, que la economía está a merced de China y que Europa es un lastre que sigue en deuda con Estados Unidos por el Plan Marshall.

Tras las derrotas republicanas frente a Obama, los republicanos moderados tenían el reto de ofrecer al electorado volátil una postura centrada, enterada de la realidad y consistente con una aspiración de futuro en el mundo. Una que terminara con la imagen de un rico, racista, misógino que odia a los mexicanos; una que desfondara, pues, a todo lo que Donald Trump representa.

Pero las posturas moderadas no han sido suficientemente atractivas para un electorado que prefiere las bravatas de Trump y que hoy lo tiene como puntero de la carrera por la candidatura republicana, frente a 15 otros aspirantes que han alzado la mano para la contienda.

Los 16 precandidatos están buscando un lugar en el primer debate de su partido para el que solo hay 10 lugares; ése será uno de los primeros filtros para perfilar a quien enfrente, en noviembre de 2016, a la candidatura demócrata.

De las cinco personas que han iniciado la carrera por la candidatura demócrata, Hillary Clinton parecía al inicio imbatible. Este Cuarto de Guerra adelantó que, en la medida en que ella tuviese competencia, su candidatura saldría fortalecida rumbo a la elección presidencial.

Clinton es un referente de moderación y capacidad de negociación; sin embargo, el surgimiento de un candidato que se autodefine como socialista ha captado la atención de los jóvenes demócratas.

Las encuestas de este lado muestran que Clinton ha perdido preferencias y que Sanders ha crecido, llenando foros y superando expectativas de recaudación de fondos para su causa. La diferencia entre ellos todavía es amplia en los sondeos nacionales, aunque Sanders —con la tendencia actual— vencería a su contrincante, a la vez que una eventual candidatura del hoy vicepresidente Joe Biden podría arrancar votantes a Clinton y cerrar la diferencia en favor de Sanders.

En ambos partidos, los procesos electivos son largos y dependen de la política regional. En el camino se irán quedando los rezagados y, de las declinaciones que éstos hagan en favor de unos u otros, puede pender el futuro de las candidaturas.

Por ahora, la duda permanecerá sobre el tipo de elección que tendrá Estados Unidos. ¿Será una disputa entre dos radicales como Trump y Sanders, una batalla entre moderados representados por Clinton y Bush, o una combinación entre ambos?

luciano.pascoe@gmail.com

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