Fake news y prensa fifí

Enfrentarse a la crisis
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El ciclo de noticias ha cambiado de manera dramática en todo el mundo. Mientras hace algunos años la única forma de mantenerse informado era esperar al noticiario nocturno o a la edición del día siguiente del periódico, ahora podemos conocer lo que acaba de pasar y tenerlo en la comodidad de nuestras pantallas de inmediato.

Este cambio no sólo ha trastocado la velocidad con la que nos informamos, sino el contenido que nos es presentado. Cuando una pieza de información tiene que ser publicada con la mayor rapidez posible, necesariamente se sacrifica la posibilidad de ahondar o investigar más en lo que se está reportando, dejando a los lectores con la noticia prácticamente en bruto. Cuando esto sucede, se desvanece nuestra capacidad para separar entre lo serio y lo sensacionalista.

Esto ha puesto contra las cuerdas a muchos, en especial a los medios de comunicación tradicionales, pero también se ha convertido en el terreno más favorable para un tipo de persona: el político incendiario.

Parte del éxito de Donald Trump, incluso antes de ser elegido presidente, ha estado en su capacidad para aparecer constantemente en los medios, un día sí y al otro también, con una fórmula muy particular: lanzar una declaración incendiaria en un debate, una conferencia de prensa o un simple tuit; esperar a que todos los medios la reportaran y reaccionaran, indignados, apoyándolo o a veces con asombro absoluto, sobre lo que Trump había dicho; alimentar la controversia durante el mayor tiempo posible para, después, saltar a una nueva declaración incendiaria sobre otro tema que hacía girar la agenda y la discusión hacia otro lado.

Ante esta cascada de declaraciones controversiales, los medios se han convertido en una especie de rehenes del ciclo que les ha impuesto Trump, ya que se han vuelto una caja de resonancia para cada frase o idea del republicano y, antes de poder detenerse para discutirla con profundidad, han tenido que saltar al siguiente escándalo para mantenerse al día. Y cuando han intentado desmontar las declaraciones de Trump, se han encontrado con algo nuevo y peligroso: enfrentarse a la descalificación directa y llana al ser desestimados como fake news, como noticias falsas, teniendo que abrir otro ciclo en el que, una vez más, todo gira alrededor de Donald Trump. En esta espiral interminable, paradójicamente los medios han ayudado a la presencia continua de Trump al mismo tiempo que han caído en el descrédito al ser el costal de boxeo del presidente que los ha llamado traidores, mentirosos y, en el extremo, enemigos del pueblo.

Ahora todos los medios compiten en la inmediatez de la noticia y, así, todos son succionados por el vórtice de Trump, que se ha convertido en el centro de toda la discusión política, lo que ha arrojado por la borda y marginado a cualquier tema diferente a lo que dice el presidente y ha noqueado al periodismo de investigación. Tal vez es el momento de detenernos unos momentos, porque parece que entre corazoncitos, chivos, bancarrotas y prensa fifí, estamos avanzando hacia algo muy parecido.