Fe y razón

Indignación y transformación
Por:
  • guillermoh-columnista

Este 2018 se cumplen 20 años de la publicación de la Encíclica de Juan Pablo II Fides et ratio, que se ocupa del tema de la relación entre la fe y la razón. Con motivo de dicho acontecimiento se realizó en la Universidad Católi ca Lumen Gentium un evento para releer, a dos décadas de distancia, este documento papal.

Quizá lo primero que podríamos reparar es que las palabras “fe” y “razón” están unidas por una conjunción, no por una disyunción. Los católicos no están obligados a elegir entre la fe o la razón sino que deben adoptar ambas en sus vidas. En su Encíclica, Juan Pablo II afirmó que la fe y la razón son las dos alas para elevarse a la verdad. Este es uno de los principios del pensamiento católico que se remonta a la famosa frase de San Agustín de Hipona que dijo: Credo ut intelligam et intelligo ut credam (“creo para entender y entiendo para creer)”. En esa misma línea, el poeta y filósofo Julio Hubard ha ofrecido una analogía más terrenal, pero acaso, más enfática: la fe es uno de nuestros pies y la razón es el otro. Quien sólo usa un pie cojea y, por lo mismo, no llega muy lejos.

Ya sea que entendamos a la fe y la razón como dos alas o como dos pies, surge la pregunta de cómo armonizar ambas facultades. Si las alas no se mueven de manera coordinada, no podremos levantar el vuelo; y si los pies no se mueven de manera sincronizada no podremos dar un paso.

 

La religión y la ciencia desde hace tiempo están distanciadas y, muchas veces, francamente peleadas. Esto se debe, en buena medida, a la arrogancia que han manifestado una frente a la otra. La religión ha querido someter a la ciencia y, desde hace tiempo, la ciencia también ha querido someter a la religión

 

Una respuesta es que la fe y la razón no están separadas de manera absoluta. La fe siempre tiene algo de razón y la razón siempre tiene algo de fe. Esto permite que las dos alas o los dos pies puedan entenderse para volar o para caminar. Pero, además, la fe y la razón no hablan idiomas intraducibles: se pueden entender, aunque sean distintas. El vuelo o el andar del ser humano son posibles gracias a ese íntimo y sutil acuerdo entre la fe y la razón.

Desgraciadamente esta armonía profunda entre la fe y la razón en la vida humana no siempre se ha manifestado en sus formas superiores: la religión y la ciencia. La religión y la ciencia desde hace tiempo están distanciadas y, muchas veces, francamente peleadas. Esto se debe, en buena medida, a la arrogancia que han manifestado una frente a la otra. La religión ha querido someter a la ciencia y, desde hace tiempo, la ciencia también ha querido someter a la religión. Lo que preocupa es que en esa pelea callejera se lleven entre las patas a la vida humana que, como hemos dicho, sabe conciliar fe y razón para emprender el vuelo o sencillamente para comenzar la marcha.

[caption id="attachment_713898" align="alignleft" width="209"] En la imagen aparece representado San Agustín de Hipona.[/caption]

Se dice que hemos entrado en una época posmoderna. Entre otras cosas, eso significa que el modelo de racionalidad que postuló la filosofía llamada moderna —digamos, la que parte de la obra de René Descartes— ya no se puede seguir sosteniendo. Pero también se dice que hemos entrado en una época postsecular. Esto quiere decir, entre otras cosas, que la pugna en el espacio público entre el Estado y la religión está quedando atrás.

El escenario que se presenta es el de una sociedad occidental que está volviendo a aprender a usar las dos alas o, para usar la otra metáfora, los dos pies.

El reto que enfrenta el pensamiento católico en esta circunstancia es muy grande. No puede seguir reaccionando de manera defensiva, como en el siglo XIX. Me parece que ya es tiempo de revisar la orientación que dio el Papa León XII en su Encíclica Aeterni Patria de 1879. La filosofía católica no puede seguir atorada en las categorías de la Edad Media.

 

La filosofía católica no puede seguir atorada en las categorías de la Edad Media. Una nueva teología y nueva filosofía católica deben surgir en el presente para estar a la altura de los tiempos. No se trata, por supuesto, de negar la colaboración entre la fe y la razón, sino, por el contrario, de reinterpretar esa colaboración de manera distinta más allá de las viejas pugnas entre el Estado y la Iglesia y entre la ciencia y la religión

 

Una nueva teología y nueva filosofía católica deben surgir en el presente para estar a la altura de los tiempos. No se trata, por supuesto, de negar la colaboración entre la fe y la razón, sino, por el contrario, de reinterpretar esa colaboración de manera distinta, más allá de las viejas pugnas entre el Estado y la Iglesia, y entre la ciencia y la religión.