Feminicida serial

Emociones y decisiones
Por:
  • rodolfoh-columnista

La violencia de género está asociada a diversas circunstancias individuales, intrínsecas al agresor y al medio en el que creció y fue educado. Finalmente, el machismo y la agresividad hacia las mujeres son fenómenos aprendidos desde el hogar y el entorno. Es por ello que al Estado le toca una parte fundamental para prevenirlo y castigarlo, pero el camino no es la emisión de las inútiles alertas de género.

A propósito de ello, de acuerdo con algunas informaciones periodísticas publicadas por el diario El Universal, parece que hay pistas sólidas que apuntan a un malandrín del barrio de Tepito, como el probable responsable de los asesinatos de chicas extranjeras dedicadas a la prostitución. De lo poco que se ha filtrado a los medios, parece ser un caso que no embona del todo en el perfil de un asesino serial, sino la obra de otro tipo de sociópata.

Y todo parece indicar, que el reciente asesinato de una mujer mientras trabajaba en una tienda del complejo de Reforma 222, también se trató de un feminicidio premeditado. Hay indicios de que el autor no soportó que la relación terminara y se le hizo fácil meterle tres disparos a quemarropa a su expareja.

Por eso, cuando veo estas desgracias, confirmo lo que siempre he sostenido: que las alertas de género no sirven para nada. En verdad que las agrupaciones públicas y privadas que abogan por esa medida inútil, debieran de enfocar su talento, dinero y esfuerzo en otras estrategias de prevención; que no sean inmediatistas y que, por otro lado, dejen resultados sólidos en el mediano y largo plazo.

Volviendo al feminicida serial, es por demás impresionante ver el dramático video de la chica venezolana, presuntamente asesinada por el malandro de Tepito. En éste, aparece la jovencita con la cara destrozada, el brazo roto, los ojos hinchados por los golpes y la boca lastimada por el arma que le introdujo con violencia. Ella le habla a su agresor, diciéndole que dejará de vender su cuerpo y que una vez recuperada se irá de regreso a su país. Pero de nada le sirvió, porque poco después la torturó, le arrojó ácido en el rostro y la mató.

¿Qué habría pasado si en lugar de tantos anuncios inútiles del Gobierno y de las campañas políticas, ellas hubieran tenido conciencia sobre la existencia de una línea de ayuda? Yo recuerdo perfectamente, 40 años después, el “cinco seis ocho ocho siete veintidós” de la Profeco. Hoy en día, por más esfuerzos que hago, no viene a mi mente ninguna campaña que ayude a salvar la vida de mujeres en peligro.

Debemos bombardear los oídos de estos hombres con mensajes duros, que sepan bien claro que terminarán pudriéndose en la cárcel si lastiman a una mujer. Y ese mensaje se debe escuchar a diario en la calle y en la escuela, en la tele y en las redes sociales. El camino seguido en México hasta ahora no ha funcionado, tomemos otras rutas, educativas e informativas, para enfrentar la violencia de género.