Jueves 3.12.2020 - 22:42

FGR: fondo, forma y grilla

Coronavirus entre nosotros
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En días anteriores se dieron importantes debates relativos al diseño institucional

de la futura Fiscalía General de la República y el nombramiento de su titular. Algunos comentarios al respecto:

Simulación y división. Se trata de la muestra más reciente que exhibe a los partidos de

cuerpo entero, particularmente al PRI y al PAN. Para amortiguar las críticas que generó el tema el año pasado, el Presidente de la República envió una iniciativa “para corregir” el famoso “pase automático” a fin de que el procurador en funciones no se convierta en el fiscal general. ¿De cuándo a la fecha el PRI no impulsa en el Congreso una iniciativa de su jefe político? Patear hacia adelante la decisión no sólo mostró que no tenía voluntad política de aprobar esa simulada iniciativa, y encima, a río revuelto, insistió en defender, hasta donde se pudo, la idoneidad del actual procurador. Por su parte el PAN sacó a relucir el lado oscuro de su ADN: el espectáculo que presenciamos para la votación del presidente de la Mesa Directiva del Senado, la sesión de inauguración del periodo ordinario de sesiones, las recriminaciones mutuas sobre quién carga con el pecado original de avalar el pase automático del fiscal y la decisión de iniciar un procedimiento de expulsión a los senadores que votaron en contra de la línea de la dirigencia del partido exhiben plenamente, ante la sociedad, lo errático y costoso que ha sido mantener la indefinición sobre su candidatura presidencial. De cara a las elecciones del año siguiente, es evidente que

los partidos —como suelen hacerlo— acentuarán sus diferencias y no tendrán incentivos para cooperar. En esa lógica, ¿alguien reparó en hacer los números y la consecuente imposibilidad de que se aprobara el pase automático?

#FiscalíaQueSirva. Como era de esperarse, diversos colectivos y organizaciones han construido una robusta coalición ciudadana que se ha opuesto al pase automático. Y es fácil simpatizar con la causa. Si se considera, por ejemplo, la lamentable exoneración de la SFP en el asunto de la “casa blanca”, uno no termina de entender la razón por la cual el gobierno impulsaría la misma ruta de algo que, era de suponerse, provocaría un repudio generalizado. Más allá del cálculo fácil de proteger los intereses políticos del gobierno en turno cuando venga la transición o de apostar a la prescripción de los posibles delitos, se cae de maduro que el gobierno no tiene actualmente los recursos políticos para imponer, ni por cuenta propia ni a través de acuerdos con otros partidos, a un fiscal “a modo”. Peor aún cuando la discusión se personalizó tanto. Más allá de las cualidades profesionales del actual titular de la PGR, queda claro que tiene el perfil adecuado para ser el último procurador dentro de un gobierno priista, pero es intransitable como fiscal general. El nuevo esquema que se pretende construir en el futuro inmediato exige que la procuración de justicia no dependa de un pacto de lealtad con el Presidente y la camarilla política que lo nombró, y que su titular combine una intachable trayectoria profesional con un amplio respaldo social.