Gobierno de coalición, pero ¿eficiente?

Fase 2
Por:
  • Carlos Urdiales

Anoche fue presentada una de las partituras que guiará la orquesta electoral imperante a partir de hoy a la media noche, la coalición por México al Frente de Ricardo Anaya entonará un canto de sirenas llamado “Gobierno de Coalición”.

Anaya, Mancera, Delgado, Castañeda y compañía nos venderán que México merece un gobierno sinfónico, conciliado, donde tirios y troyanos trabajen al unísono.

Generosa oferta que acompañan al tiempo de temerarias promesas de cárcel para los poderosos de hoy, de comisiones internacionales que vengan a investigar, juzgar y sancionar.

Día y noche, futuro incluyente con ajuste de cuentas, prospectiva con revancha, todo en una coalición nacida a partir del reparto de posiciones y de adhesiones interesadas bajo un diseño cupular, negociado e impuesto a partir de tres liderazgos partidistas. A sus bases y damnificados estelares les tocó la única sopa restante.

Anoche, el frente PAN-PRD-MC definió una promesa maestra, un antídoto para distribuir los ataques y concentrar el protagonismo. El abogado Mancera se va del Gobierno de la Ciudad reconociendo que sí le interesa ser el primer Fiscal de la Nación, va al Senado no por fuero ni por sueldo, va para servir dice, a la idea de una coalición gobernante.

Lo que Anaya, Delgado, Mancera, Barrales y Castañeda deberán explicar mañana, tarde y noche es qué hará diferente a un muégano que ha gobernado estados desde hace décadas sin que, revolver membretes, se traduzca en administraciones más eficientes, menos corruptas.

Dirán que lo que le faltó a Oaxaca, Puebla, Chiapas, Veracruz, Nayarit, Guerrero, Tamaulipas, Chihuahua o Tlaxcala fue el tamaño, el alcance federal, que el centralismo tocado por la magia aliancista impactará y resolverá lo que a nivel local no pudieron.

Porque esta promesa de gobierno sinfónico no es única, menos inédita. El Pacto por México que produjo trece reformas estructurales hace cinco años, fue lo más cercano a una gran coalición gobernante. Esa orquesta la condujo el Presidente Peña Nieto.

Antes, Vicente Fox, particularmente el mismo Jorge Castañeda que hoy coordina la campaña de Anaya, impulsó junto con otros, la idea de alianzas estratégicas que permitiesen un gobierno funcional, un Congreso con fuerzas partidistas que no bloquearan, que negociaran. Antes no pudieron. ¿Ahora sí?

Los strikes de Meade. De todos conocida es la pasión de Andrés Manuel López Obrador por el béisbol, deporte que practica, refugio físico y mental del candidato moreno. En el equipo de José Antonio Meade pensaron que hablar en argot ajeno afina la confrontación que desean, el tête à tête anhelado.

¿Acaso no sería mejor para Pepe Meade hablar en términos futboleros que es, por mucho, un deporte más popular que el de la Pejemoña? ¿Que no el candidato del PRI-PVEM-NA está más posicionado como aficionado Puma? Prometer goles en lugar de robar bases, no fallar penales en lugar de ponchar al cañonero de cepa, suena más acertado.