Graffiti: El arte del vandalismo o el vandalismo del arte

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • Pacotest

“El pasado ya no es y

el futuro no es todavía”

San Agustín

Desde hace varios años se popularizó como fenómeno social una forma de comunicación informal anónima que se conoce como “graffiti”.

Como todos sabemos, esta práctica consiste en la apropiación de paramentos en las poblaciones, por parte de individuos o tribus urbanas, para rayar, escribir o dibujar mensajes, explícitos o simbólicos y así hacer públicos sus intereses político-sociales. Lamentablemente, estas “pintas” han ido en aumento en México, ocasionando en nuestras ciudades un serio deterioro, un ambiente sombrío y la sensación de abandono y anarquía social de manera generalizada. El “graffiti” se ha apropiado de nuestras ciudades y en el imaginario social figura mayormente como una agresión tolerada que degrada la calidad de vida en las comunidades urbanas. Desafortunadamente, ésta práctica nociva se ha hecho extensiva a los monumentos históricos, mismos que son afectados e inclusive a veces dañados de manera irreversible.

Esta situación, perjudicial para nuestro patrimonio arquitectónico, se agrava de sobremanera con el hecho de que un número importante de personas considera al “graffiti” como una expresión artística, en tanto es una creación del ser humano para expresar su visión acerca del mundo. La aventurada interpretación de este fenómeno como una manifestación cultural artística, complica el combate frontal a esta práctica antisocial que invade los centros históricos, causándole daños a la arquitectura significativa con valor patrimonial.

Dado que no toda la gente comparte la aceptación de esta modalidad de comportamiento antisocial, se genera una controversia constante sobre su valor como forma de arte menor. Por un lado se defiende la expresión artística del “graffiti”, a pesar de que la mayoría de las veces este se realice sin autorización alguna del dueño de la propiedad, por lo que técnicamente constituye un acto de vandalismo. Además, la agresión con tintas y colorantes en su mayoría permanentes, produce un daño irreversible, especialmente grave en monumentos históricos de valor artístico incuestionable, cuya protección está asentada claramente en la legislación respectiva.

En ocasiones los defensores de esta expresión social la comparan con el muralismo mexicano, sólo que este movimiento de la primera mitad del siglo XX no es de ninguna manera comparable con el graffiti “chatarra” que nos ha invadido en la actualidad. En ese tiempo había una solicitud de trabajo a un pintor reconocido al que se le asignaba un muro en un inmueble en donde realizaba su obra pictórica en total congruencia con la arquitectura, cuya calidad y permanencia en el tiempo era de esperarse. Esto, a diferencia de la apropiación arbitraria y anónima de numerosos muros en amplias extensiones urbanas que en su mayoría se tapizan de “graffiti” por lo general de mala calidad, aplicado indiscriminadamente y sin respeto alguno por nuestra arquitectura patrimonial, orgullo de todos los mexicanos. Combatamos esta agresión tolerada que tanto daña, y muchas veces de manera permanente, a nuestra arquitectura significativa que representa lo mejor del legado cultural de este rico país.

gmerigo@prodigy.net.mx