Guantánamo

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Por:
  • larazon

Cuando el presidente Barack Obama prometió, tras asumir el cargo en enero de 2009, aquel discurso que a muchos nos emocionó hasta las lágrimas, cerrar el penal de Guantánamo, tenía claro que allí se estaba viviendo una situación absolutamente inaceptable en un sistema democrático: un régimen de detención indefinida y sin derecho a un juicio justo en un tribunal civil. Los papeles filtrados por Wikileaks revelan o confirman graves abusos contra los detenidos.

Por esa cárcel han pasado 779 presos, de los cuales siguen recluidos 172. Decenas de ellos no han tenido en su vida vínculo alguno con Al Qaeda.

Un anciano de 89 años con demencia senil y depresión severa, 30 enfermos psiquiátricos, 14 menores de edad, un hombre que buscaba a su hijo en el frente talibán y un mercader que viajaba sin documentación han sido encerrados con verdaderos terroristas. Tres internos se han suicidado. En ciertos casos ni siquiera el gobierno de Estados Unidos tuvo conocimiento de los motivos de la reclusión. Hay documentos en los que se reconoce la inocencia, se acepta el error cometido y se recomienda la liberación o el traslado del prisionero a su país de origen. 143 presos pasaron más de nueve años internados sin pruebas que justificaran su encierro. El motivo principal del encarcelamiento ha sido el de obtener información útil, a través de los interrogatorios, para el combate al terrorismo.

La prisión de Guantánamo se abrió en 2002 para albergar a sospechosos de terrorismo tras los ataques del 11 de septiembre de 2011 contra las Torres Gemelas de Manhattan. Fueron llevados desde las diversas cárceles secretas de la CIA en el mundo. A fin de no darles el trato ordenado por la Convención de Ginebra se les consideró combatientes ilegales enemigos. Con el argumento de que los presos estaban fuera del territorio de los Estados Unidos, se les negaron los derechos constitucionales que hubieran tenido en cualquier reclusorio del país.

Únicamente siete han sido juzgados y condenados, seis por las comisiones militares de la base y uno por un tribunal civil de Nueva York. De las 285 acusaciones contra este último, sólo se le condenó por una: conspiración para atentar en 1998 contra las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania. Se le absolvió del cargo de terrorismo. Cinco de los condenados ya están en libertad en sus países de origen. Sólo uno cumple prisión perpetua en Guantánamo.

Obama ha intentado cumplir su promesa, pero cumplirla no depende de su voluntad: el Congreso prohibió el uso de fondos públicos para el traslado de los presos a cualquier prisión de Estados Unidos. Esa decisión parece motivada tanto por el resultado del único juicio ante un tribunal civil un estrepitoso fracaso de la acusación como por el temor a un ataque terrorista durante la celebración de los juicios.

Guantánamo es una derrota de la democracia y los derechos humanos así como un triunfo del terrorismo, pues en la lucha antiterrorista se está utilizando el terror jurídico.

ldelabarreda@icesi.org.mx