Guerra Sucia y espionaje. ¿Hasta dónde?

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Por:
  • larazon

La guerra sucia es una herramienta de las campañas. Muchas veces las opciones políticas se construyen en negativo. Se trata de que alguien no llegue al poder, no de convencer con una alternativa de cambio.

El PAN se siente cómodo en esas coordenadas. Las utilizó en 2006 y las cosas les salieron bien, tuvieron éxito y ganaron la elección presidencial. No es poca cosa.

Hasta hace unas semanas iban abajo las preferencias electorales en la mayoría de los estados donde hay elecciones. Quizá por ello decidieron iniciar una ofensiva directa contra su rival más importante: el PRI.

Al margen de si son responsables directos del espionaje que han sufrido los gobernadores priistas Ulises Ruiz, de Oaxaca, Mario Marín, de Puebla y Fidel Herrera de Veracruz, lo cierto es que lo están aprovechando y bastante bien.

Es verdad que el espionaje no es tan complejo, que hay múltiples dependencias, empresas y organizaciones que están en posibilidades de intervenir llamadas telefónicas.

Lo que ya no resulta tan sencillo, es hacerlo en contra de los gobernadores y sobre todo si se trata de algunos de los más experimentados, como es el caso.

Es evidente que también fracasaron los sistemas de seguridad de los mandatarios estatales. Los aparatos telefónicos no fueron revisados con el cuidado debido, que es como se recomienda a cualquier personaje público y con poder.

Lo ideal sería que nadie tuviera que cuidarse del espionaje, pero esto es pecar de ingenuos. La búsqueda del poder suele no detenerse en finuras y la protección de la vida privada, por supuesto, no es una de ellas.

Lo curioso del caso, es que el presidente del PAN, César Nava, parece empeñado en demostrar que él está detrás de las revelaciones. Un día después de que se conocieron las grabaciones que le hicieron a Fidel Herrera dejó claro que podían existir más y de otros mandatarios, como en realidad ocurrió.

En esta locura Nava va de la mano de los perredistas, sobre todo del dirigente nacional, Jesús Ortega y del senador Carlos Navarrete.

Es increíble que monten toda una estrategia de descalificación desde la ilegalidad. Saben que se cometieron delitos para obtener la información y también tienen claro que no servirá de mucho en términos legales.

¿Por qué lo hacen? En el caso del panismo por un odio persistente contra el PRI y en el terreno perredista porque la democracia nunca fue lo suyo.

Lo grave es que el enfrentamiento, que apenas inicia, puede tener consecuencias graves para la democracia, que es la más afectada cuando los argumentos y las propuestas se hacen a un lado para abrir la puerta a los tambores de guerra, con todo lo que ello implica.

julian.andrade@3.80.3.65

Twitter: @jandradej