Hacer las cosas bien

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Leo en los diarios noticias sobre los problemas que enfrentan los organizadores de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Lo siento mucho. A nuestros primos brasileños se les han juntado las desgracias. Las comparaciones son odiosas, pero no he podido dejar de recordar el éxito de los Juegos Olímpicos de 1968 celebrados en México.

Una parte importante de ese triunfo de planeación y ejecución se le debe al arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, pero fueron muchos las mujeres y los hombres que colaboraron para que las olimpiadas del 68 fueran inolvidables.

En México se pueden hacer bien las cosas. Las hacemos todos los días. Yo lo veo por todos lados y me llena de orgullo. A los mexicanos los motiva no sólo el imperativo moral de realizar correctamente una tarea, sino también el aliciente estético de que el producto final sea hermoso, deleitable, admirable. Cuando uno hace algo no sólo por obligación sino, además, por gusto, deja algo de sí mismo en el producto, como si fuera una firma de su creador. Esa huella se puede encontrar en muchos sitios: en el delicioso pan recién horneado, en el arbusto podado con imaginación, en la prenda tejida con delicadeza. Un buen trabajador mexicano es tan inteligente, creativo y responsable, como el mejor del mundo.

 ¿Qué pasa entonces que el país no levanta? No hay suficientes incentivos sociales para el trabajo bien hecho sino que, por el contrario, lo que hay es un complot para socavarlo. La corrupción que nos ha invadido promueve la ideología perniciosa del “ahí se va”; es decir, de la irresponsabilidad ante las tareas. Se dejan las cosas a medias, con defectos. Como todo acto de corrupción, se trata de un acto de simulación degradante, de un engaño a los demás de que se cumplió correctamente con el encargo.

Los mexicanos debemos combatir el “ahí se va” con firmeza. Enseñar a nuestros hijos que las cosas se deben hacer correctamente. Si no salen bien a la primera, hay que corregirlas con esmero hasta que queden como debe ser. La mejor escuela está en el hogar. Cualquier tarea, por sencilla que sea, sirve para fomentar el trabajo bien hecho: barrer el piso, limpiar la mesa, tender la cama.

Si al nivel familiar son los padres quienes deben enseñar con su ejemplo el deber y el placer del trabajo bien hecho, a nivel social deberían ser los dirigentes quienes pusieran el ejemplo a la comunidad. Desgraciadamente, la corrupción ha provocado destrozos en ese estrato de nuestra sociedad. Sospecho que si hoy organizáramos otros Juegos Olímpicos, no quedarían tan bien como los de 1968.

Si los políticos mexicanos trabajaran como los mejores de nuestros artesanos, cocineros u obreros, la nación estaría mejor. Sin embargo, la mayoría de nuestros políticos hacen mal su trabajo y, desgraciadamente, algunos de ellos también son unos malhechores.

guillermo.hurtado@3.80.3.65

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