Hacia el fin del bipartidismo en Espana

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Por:

Rojas Rafael

Mañana 24 de mayo tendrán lugar las elecciones autonómicas y municipales en España, previas al proceso electoral general que deberá convocarse a fin de año y que elegirá el nuevo gobierno. Estas serán, además, las primeras contiendas nacionales que tocarán al nuevo monarca, Felipe VI de Borbón. Pero la importancia de ambas elecciones no tiene tanto que ver con la existencia de un nuevo rey como con la reconfiguración del mapa electoral que ha provocado la emergencia de dos partidos políticos nuevos, integrados por bases y líderes jóvenes: Podemos y Ciudadanos.

Hasta los primeros meses de este año, cuando las encuestas encumbraron a Podemos en un eventual primer lugar en las elecciones, desbancando al PP y al PSOE, en intención de voto, los analistas imaginaban un escenario tripartito, en el que la formación que dirige Pablo Iglesias podía decidir el tránsito de un sistema bipartidista a otro de tres partidos medianos. Con el resultado no tan bueno de Podemos en Andalucía y los problemas de liderazgo interno que mostraron en los últimos meses, los estimados han variado.

Encuestas y analistas ya no pronostican que el electorado se parta en tres porciones del sufragio más o menos equivalentes sino en una escalonada y descendente proporción, entre un 25 por ciento y un 10 por ciento de los votos, distribuida entre el PP, el PSOE, Podemos y Ciudadanos. Supongamos, por ejemplo, que los populares obtengan menos de un 25 por ciento, los socialistas poco más del 20 por ciento, el partido de Pablo Iglesias alrededor del 15 por ciento y el de Albert Rivera cerca de un 10 por ciento del electorado. El 30 por ciento restante se repartiría entre otras formaciones más pequeñas como Izquierda Unida, Unión Progreso y Democracia, Convergencia y Unión y demás partidos regionales.

Aunque los estimados varían de acuerdo a las comunidades autonómicas, a nivel nacional podría estarse produciendo un escenario de división del voto en cuatro porciones medianas y no en tres, como se pensó en los meses posteriores al ascenso de Podemos. De ser así, la clave del próximo gobierno español estará en las alianzas, como sucede en otros regímenes parlamentarios europeos en que ninguno de los partidos alcanza la mayoría.

Los pactos de los dos grandes partidos tradicionales de la transición española, PP y PSOE, con los dos nuevos, Podemos y Ciudadanos, se enfrentan a la dificultad de que estos últimos se presentan como organizaciones post-ideológicas o transversales, ubicadas más acá de la polarización derecha-izquierda.

Ya cuando tuvieron lugar las elecciones andaluzas se habló más de una posible alianza PSOE-Ciudadanos que de una entre socialistas y Podemos. Esa opción, a nivel nacional, que se justifica por el mayor pragmatismo con que Albert Rivera y Ciudadanos están manejando su agenda electoral, sería tan amenazante para el PP como para Podemos, que podría quedar como una fuerza mediana, dentro de una oposición compartida con los populares, con los que tiene menores sintonías que con los socialistas. Sería incómodo y desgastante para Podemos coincidir con la derecha en la oposición parlamentaria a un gobierno de centro.

Si esto llegase a suceder, el PSOE quedaría notablemente fortalecido porque estaría en condiciones de negociar alianzas con cualquiera de los nuevos partidos o, incluso, con las formaciones más pequeñas. Aún así, el nuevo gobierno que saldrá de esta recomposición del mapa electoral de España ya no podrá responder a la clásica polaridad heredada de la transición. A pesar de que obtengan resultados por debajo del 15 o el 10 por ciento de los votos, Podemos y Ciudadanos han llegado para quedarse y el sistema de partidos y el propio régimen parlamentario español no será el mismo después de este 24 de mayo de 2015.

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