Hijos del terrorismo

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Valeria López

Sólo por nuestras historias podemos saber que nuestras historias han llegado a su fin (…)

Imré Kertesz.

Es, sin duda, una buena noticia el rescate de 300 niñas y mujeres secuestradas por el grupo terrorista nigeriano, Boko Haram. Debemos alegrarnos por el golpe devuelto, porque cesará la tortura física de 300 personas, porque se impuso el poder del ejército sobre los terroristas bandoleros.

Aunque, lamento decirlo, poco queda de aquellas niñas y mujeres que fueron secuestradas. Han vuelto, sí. Pero regresaron otras: lastimadas, heridas y humilladas. Robadas, ultrajadas, usadas. Conocedoras de la deshumanización en carnes propias; cansadas de pelear cada segundo la existencia.

Las mujeres y las niñas que fueron rescatadas se salvaron; sin duda alguna, estar en casa, en sus aldeas, es mejor que estar secuestradas. Esto es indiscutible, como también lo es que no volverán a vivir; si acaso, sobrevivirán a los recuerdos de las torturas, de las violaciones, de las humillaciones.

Boko Haram les robó la vida y las condenó a la imposibilidad de la felicidad. Las ha forzado a una existencia ínfima, la de la supervivencia: en donde durante el día tratarán de olvidar los horrores de la indignidad y durante la noche, las pesadillas amplificarán el dolor de sus olvidos.

Los terroristas, todos, son secuestradores del género humano pues buscan destruir lo más propio del hombre: la dignidad. Y, al hacerlo, cercenan la posibilidad de la felicidad, mutilan el horizonte de libertad.

Que nadie se equivoque, los terroristas no se conforman con el dolor físico —ese que es pasajero—. Lo que buscan es la humillación, derruir a las personas —para que no puedan olvidar lo sufrido—.

Desprecio al terrorismo no solo por el cobarde modelo de ataque sino por la perversidad disfrazada de ideales. Porque ocultan el egoísmo con posturas religiosas o ideológicas; porque no les importa destrozar la vida de los demás.

Los guionistas de Hollywood, la industria de la irrealidad, ya preparan la historia en la que el hijo de una de las 214 niñas-madre-por-violación se sobrepone a la desgracia para convertirse en el nuevo líder revolucionario capitalista de Nigeria.

Con la fuerza de sus brazos construirá el nuevo gobierno, pondrá los cimientos del sistema legal y llevará paz y prosperidad a su comunidad. Todo con la potencia del recuerdo de la madre muerta porque, eso sí, pocas veces Hollywood se atreve a retratar el horror de la supervivencia.

Pero, lamento decirlo, lo que tenemos hoy frente a los ojos son 300 vidas destruidas por el terrorismo: escombros humanos que se mantuvieron de pie tras el bombardeo de la humillación de Boko Haram. 214 de esas lastimadísimas mujeres, además, darán vida al hijo de alguno de sus agresores, de aquellos que las usaron como vasija. Tendrán pues, a los hijos del terrorismo.

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