Independientes no son autoritarios

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Por:

Leonardo Núñez González

Presentarse a una elección para intentar obtener un cargo público sin pertenecer a un partido político no es ninguna novedad en México ni en el resto del mundo.

En la opinión pública hay una división entre los que ven en las candidaturas independientes la salvación del sistema democrático ante los partidos anquilosados y los que consideran que los candidatos que no pertenecen a un partido podrían atraer a personajes autoritarios como Hugo Chávez o Alberto Fujimori. La cuestión es más compleja que esto, ya que las experiencias comparadas con candidatos independientes son muy diversas.

Fujimori llegó a la presidencia en 1990 gracias a la creación del movimiento Cambio 90, una plataforma creada un año antes y que se oponía a todos los partidos políticos existentes, con un claro discurso antisistema. Al no tener ninguna atadura institucional, muchas catástrofes sucedieron en su primer mandato: disolvió el Congreso, realizó un autogolpe de Estado y promulgó una nueva Constitución en 1993.

Un caso similar sucedió con Chávez, quien llegó al poder de manera intempestiva ante el desmoronamiento del sistema de partidos venezolano, en el que los partidos dominantes, AD y COPEI, eran percibidos como una oligarquía inamovible que debía ser extirpada del poder. En estos casos, los candidatos independientes tuvieron consecuencias nefastas para el régimen democrático porque, en términos del profesor de Harvard Steven Levitsky: “las sociedades no estaban debidamente equipadas para resistir la invasión autoritaria”. El problema no eran los candidatos per se, sino que los partidos políticos colapsaron y las instituciones políticas no ofrecían contrapesos reales.

Precisamente por esto es que también hay casos de candidatos independientes que no han convertido sus administraciones en islas autoritarias. Por ejemplo, siete de los estados de Estados Unidos han tenido un gobernador independiente. Los casos más recientes han sido los de Lincoln Chafee en Rhode Island en 2010 y Bill Walker en Alaska el año pasado. En ambos casos los candidatos decidieron separarse del Partido Republicano y contender de manera independiente. En el resultado electoral lograron ganar, pero no fueron victorias arrasadoras, sino las propias de un sistema democrático competitivo. Otros ejemplos de candidatos independientes que no han desequilibrado el sistema democrático pueden encontrarse en Islandia, Hong Kong, Alemania, Italia o Irlanda.

Las consecuencias de la administración de un candidato independiente no pueden definirse a priori como autoritarias o no, ya que dependen de la calidad de las instituciones en las que operará, si el sistema de partidos con el que compite se desmorona o no y de la vigilancia de la ciudadanía. En el caso de El Bronco, el candidato independiente a la gubernatura de Nuevo León, es posible que gane la elección, pero no será a costa de la desaparición de la oposición. Por ello más que una amenaza para la estabilidad de la nación, la llegada de los candidatos independientes representa un desafío a las cúpulas cerradas de los partidos políticos, que, en todo caso, deberán aprender a ser más competitivos para no ser derrotados por esta nueva oferta política.

leonugo@yahoo.com.mx

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