Interrogatorio a un cadáver

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Salvador Camarena

Hago la llamada telefónica a sabiendas de que es un gasto inútil. Si no fuera porque supone un ejercicio elemental del periodismo representaría un desperdicio de tiempo y de dinero.

Del otro lado de la línea, Gina Domínguez, vocera del gobierno del estado de Veracruz, contesta en forma amable. Me dice, sin embargo, lo que ya sabía: No hay ningún detenido por los asesinatos ocurridos hace meses de los periodistas de Notiver Yolanda Ordaz de la Cruz y Miguel Ángel López Velasco (quien además fue masacrado junto con su mujer y su hijo). Dejo de tomar notas cuando Gina Domínguez comienza a decir que en el caso de Regina Martínez, encontrada asesinada este sábado, se van a agotar todas las líneas de investigación; no tenía conflictos con nadie, era una periodista comprometida….

Las autoridades en general, las de Veracruz en particular, a todas luces no comprenden una cosa elemental. Más que el despliegue de la Marina, más que desplantes del gobernador, más que discursos y compromisos de los políticos, candidatos presidenciales incluidos, lo único que va a prevenir al máximo el delito es la certeza de que no habrá impunidad.

Cuando ocurrieron los asesinatos de López Velasco y de Ordaz de la Cruz hasta la capital de la república llegaron rancios susurros que buscaban sembrar dudas sobre la reputación de las víctimas. Es el recurso del perverso: no sólo soy incapaz de garantizar la seguridad de nadie, sino que medro con la tragedia, divido la opinión, desarmo la indignación al tiempo que doy lecciones de moralidad: ¿quién de ustedes mete la mano al fuego por un colega?

Con el caso de Regina Martínez, corresponsal de Proceso, asesinada en su domicilio en Xalapa este fin de semana, será más difícil que se intente tejer el manto de la sospecha. Carrera sólida en medios nacionales, reputación de seriedad. ¿Qué recursos le quedan al gobierno de Veracruz, a ese mismo gobernador dueño de una enorme facilidad para no dar la cara cuando la agenda de su estado arde? ¿Anunciará el mandatario su conmoción y su compromiso con una investigación a fondo, dirá que darán con los culpables, que habrá castigo? Acaso cuando ustedes lean estas líneas ya lo habrá hecho. ¿Damos por buena su palabra?

El caso de Regina Martínez puede poner en entredicho la gubernatura de Javier Duarte. Sin embargo, para que ello suceda se requiere de un solo factor que no estoy seguro que perdure: que la indignación del gremio no dure sólo tres días, que no se marchite y sea olvido en una semana, que no sirva sólo para engordar cifras oficiales.

Para abrigar la esperanza de que se castigue a quienes le mataron, Regina Martínez necesita que incluso los que no la conocíamos la hagamos ahora, sin reservas, nuestra cercana. Ojalá con este caso de una vez por todas los periodistas mexicanos aprendamos que no debemos pedir al cadáver de un colega que nos pruebe que andaba en buenos pasos, que su conducta era intachable, que no le demandemos prueba de que la mano criminal tuvo “motivos”. Regina Martínez, como muchos antes que ella, merece que su última, postrera, información,sea la de que en su nombre la presión de sus colegas a la autoridad logró que hubiera buenas noticias: que se hizo justicia.

salvador.camarena@razon.mx

Twitter:@salcamarena