Javier Sicilia y Genaro García Luna

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

La radicalización nunca es buena consejera. Javier Sicilia tendrá que mantener una actitud más incluyente si quiere propiciar un acuerdo amplio para lograr un cambio en el tema de la seguridad.

Sicilia tendrá que resolver, de algún modo, la dicotomía entre víctima de un hecho delictivo y su calidad de dirigente de un incipiente movimiento cívico.

Pedir el despido de Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública, fue una concesión a la grada. Sicilia sabe que García Luna no va a salir del gabinete y menos por una petición como la suya.

El titular de la SSP encarna el principal proyecto del gobierno del presidente Calderón: la lucha contra el crimen organizado y la modernización de la policía.

García Luna, además, tiene un fuerte respaldo de grupos de activistas en temas de seguridad, como María Elena Morera. Se lo ganó por su eficacia en el combate al secuestro y por los resultados en asuntos relevantes.

Uno de sus méritos fue el hacer un análisis detallado de la situación de las policías en el país y de las debilidades institucionales que aquejan a la mayoría de las corporaciones.

García Luna proviene, además, del grupo de profesionales que fueron formados en áreas de inteligencia desde antes de la llegada de los panistas al poder.

Por supuesto que es un funcionario controvertido. No podía ser de otro modo, porque el área y el mundo en el que se desenvuelve están plagados de intrigas y rodeado de intereses.

Quizá debemos distinguir entre la crítica a la estrategia del gobierno para atacar al fenómeno criminal, de las responsabilidades concretas de la violencia.

Salvo en casos específicos y documentados, la mayoría de los hechos violentos tiene que ver con la acción de los delincuentes. Ellos son los que tienen que ser arrestados y llevados ante un juez para que paguen por sus faltas.

Es importante tener esto en cuenta, para no errar en las exigencias. Lo notable de la marcha de Sicilia fue justamente su discurso inteligente en medio de una gran desgracia.

Abrir la puerta a los radicales, a quienes no tienen una agenda democrática y de respeto a la ley, nunca será la mejor ruta para rescatar, precisamente, el estado de derecho.

García Luna puede irse o quedarse, eso será decisión del presidente Calderón, pero los motivos no pueden ser los de culparlo de la situación que impera en el país.

Por esa ruta no vamos a avanzar mucho y se van a dañar, todavía más, las instituciones y en particular las policiacas.

Sin duda hay argumentos y razones para impulsar otra forma de hacer las cosas y para salir de una de las situaciones más delicadas de la historia reciente.

Por ahí, con ideas y con exigencias transparentes, es que se podrá establecer una nueva ruta para salir de la espiral de violencia.

Esto no va a ocurrir, sin embargo, tratando de agradar a quienes no ven un horizonte de acuerdos en lo futuro.

julian.andrade@3.80.3.65

Twitter: @jandradej