Miércoles 2.12.2020 - 21:40

Juego de espejos

Emociones y decisiones
Por:

La simulación, como lo he dicho en otras ocasiones, está presente en casi todos los ejercicios democráticos de la ciudad y del país. Se utilizan eufemismos para no nombrar candidata a la elegida; aparentan ser autores de libros para hacerse promoción personal por todo el país; y se reparte dinero en programas sociales para que no sea tan obvia la compra del voto.

Y en la Ciudad de México tenemos además las tristes y fallidas elecciones del mal llamado Presupuesto Participativo. Y entiendo si el lector de estas líneas no tiene la menor idea de lo que estoy hablando, a pesar de los cientos de millones de pesos que cada año cuesta este ejercicio, en el cual en esta ocasión acudió a votarlo solamente el 3.8% del padrón.

Se trató de elegir entre 14 mil proyectos de mejora para las colonias, que según esto los vecinos escogieron como prioritarios. En ésta y en ocasiones anteriores, ha sido ampliamente demostrada la manera en que las delegaciones inducen los proyectos, que van desde cámaras de vigilancia que al final adquieren a empresas “amigas”, o luminarias que no funcionan pero que igualmente resultan en un jugoso negocio.

Estas votaciones son una muestra más de la capacidad que tienen algunos de convertir algo aparentemente bueno, en un lodazal lamentable. Pero es una manera excelente para que los políticos y gobernantes se llenen la boca presumiendo que nuestra ciudad es de una avanzada democrática nunca antes vista.

Costaría mucho menos hacer una encuesta telefónica o simplemente hacer un análisis de las múltiples peticiones vecinales que diariamente llegan a las delegaciones. Pero se trata de gastar dinero, justificar trabajo innecesario, y de cubrir el mal uso del recurso público con manto aparente de trasparencia que le brinda la “demanda ciudadana”.

En otras entidades tampoco les va mejor con los presupuestos “moche”; esos miles de millones de pesos que se les reparten a los diputados federales para que “gestionen” con los presidentes municipales los proyectos más convenientes y necesarios para las comunidades. Y bueno, al final ya hemos visto que acaban en las cuentas bancarias de algunos legisladores o en las tangas de las bailarinas con las que festejan el negocio.

O terminamos de una buena vez con estas prácticas, o acabaremos pidiéndole al Comité Olímpico Mexicano que haga de la simulación un deporte nacional de bajo riesgo. Es obvio y evidente que si año con año estas elecciones son un fracaso, debemos cambiar la forma en que buscamos la participación de los vecinos en estos menesteres.

Porque para eso tenemos diputados que debieran darse una vuelta, por lo menos cada semana, a sus distritos; y conocer de primera mano lo que les duele a las colonias. Por si fuera poco, las delegaciones tienen más personal que una fábrica china como para poder hacer levantamientos participativos.

Si queremos que las cosas sigan empeorando, podemos continuar por la ruta trazada, tirando dinero y jugando a los espejitos. De otra suerte, busquemos ser serios, modernos, eficientes, honestos y auténticamente democráticos.