La arquitectura de la conquista espiritual

Pasado el susto
Por:
  • Gabriel-Merigo

“Lo mejor de la vida es el presente,

el pasado y el futuro”

Pier Paolo Pasolini

Una de las tipologías arquitectónicas más interesantes que nos legó nuestro pasado virreinal es, sin duda alguna, la que correspondió a la habitación de las comunidades religiosas: el monasterio cristiano.

Desde épocas muy tempranas, la arquitectura conventual se manifestó en la Nueva España de diversas maneras; como inmuebles adecuados para el aislamiento total de las comunidades, lo que les permitía a los religiosos una continua introspección en la intimidad, hasta como grandes complejos arquitectónicos donde los frailes de las órdenes mendicantes no sólo residían, sino que además desarrollaban sus variadas actividades y programas educativos, enfocados a la conversión de la población indígena. Estas órdenes mendicantes, los franciscanos, dominicos y agustinos, cuya fundación se remonta a finales de la Edad Media, llegaron a la Nueva España en la primera mitad del siglo XVI y fueron quienes concibieron, dieron forma y llevaron a cabo el profundo proyecto evangelizador de los indígenas. Los frailes de estas órdenes, que predicaban la pobreza y una vida humilde basada en el ejemplo de Cristo, emprendieron con gran fervor el programa de cristianización más intenso jamás visto con anterioridad. Para este fin construyeron sus magníficos conventos, procurando que tuvieran una presencia preponderante en estas tierras, con la misión concreta de realizar eficientemente la conquista espiritual de los nativos. Los frailes, de sólida vocación religiosa, a partir de su llegada se dedicaron plenamente a la compleja campaña de educación y evangelización de los indígenas pero además trazaron pueblos, edificaron iglesias e instrumentaron programas de servicio social para atender a la población nativa.

Sus fastuosos conjuntos conventuales que se fueron construyendo a todo lo largo del país, respondían a la importante misión educativa de los mendicantes que requerían de inmuebles para su alojamiento, con los espacios necesarios para el desempeño de sus funciones, donde llevarían a cabo una vida en común y desarrollarían su gran campaña para la conversión de los indígenas a la fe católica. Lamentablemente, numerosos conjuntos conventuales de los frailes mendicantes sufrieron, al igual que otros cientos de monumentos históricos, serios daños a consecuencia de los sismos del año pasado. Apenas hace dos semanas mencionamos aquí los graves perjuicios que les ocasionó el temblor a los catorce conjuntos conventuales de las faldas del Popocatepetl, soberbias obras arquitectónicas declaradas por UNESCO patrimonio de la humanidad. La proximidad del epicentro del sismo ocasionó daños mayores a los conventos de esa zona del Estado de Morelos y parcialmente del Estado de Puebla. La tarea ahora es la de los restauradores, quienes tienen como nunca un reto enorme que atender considerando que el tamaño de la problemática ha rebasado por mucho la cantidad de restauradores, técnicos y artesanos con los que se cuenta. Dada la magnitud de esta catástrofe a seis meses del terremoto obviamente aún no es posible ver la luz al final del túnel y probablemente pasen varios años antes de que la podamos ver.