La Asamblea del PRI: Conclusión

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • raudel_avila

Cuando cursé la maestría en Inglaterra, esperaba un autobús todas las mañanas para ir a la universidad. El camión estaba programado para pasar cada quince minutos, pero siempre era impuntual. Esa impuntualidad resultó devastadora para mi salud en invierno, cuando esperaba el transporte bajo intensas nevadas.

Un día, en medio de la nieve y la neblina, vi llegar a un hombre sonriente de unos cincuenta años con chamarra de borrega. “Tarda mucho el autobús, ¿verdad, compañero?”. Le contesté que así era siempre y, como mexicano acostumbrado a servicios públicos deficientes, le dije que más valía resignarse. Se desconcertó, “pero hace frío, amigo, y el transporte es un servicio pagado con impuestos. Debe mejorar. ¿Vas a la universidad? Yo voy a una conferencia, cuéntame más”. Conversamos todo el camino y al llegar a la universidad, aunque yo tenía que ir a la biblioteca a estudiar, me convenció de acompañarlo a la conferencia argumentando que el ponente anunciado tenía fama de simpático.

Entramos al auditorio y un grupo de estudiantes se acercó para recibirlo. “Jon Cruddas, damas y caballeros, coordinador de Políticas Públicas del gabinete sombra del Reino Unido e ideólogo del Partido Laborista”. Mi acompañante del autobús resultó un miembro del Parlamento británico y conferencista. Me pidió quedarme al final del evento para platicar. No puedo recordar el tema de su conferencia. Quedé vivamente impresionado al ver a un político de alto nivel que usaba el mismo transporte público que yo, sin guardaespaldas, chofer o camionetas blindadas pagadas por el erario. No lo acompañó una corte de aduladores, ni un secretario particular, ni un coordinador de asesores, ni unas secretarias. No usaba trajes costosos ni relojes de lujo. Al final de la conferencia, Cruddas tomó mis datos y me anunció: “Recibirás noticias mías, para esto entré a la política”. No le creí. A los pocos días recibí una carta suya en la cual prometió que el camión empezaría a pasar puntualmente la siguiente quincena. Dicho y hecho.

La semana pasada, Rubén Cortés generosamente me abrió la página editorial para hablar cinco días consecutivos sobre la Asamblea del PRI. Recibí comentarios y réplicas que agradezco. Lo más frecuente fue una interrogante “si pudiera sugerirle una sola cosa al PRI, ¿cuál sería?”. Muchos detalles pequeños pueden construir una diferencia enorme. La sensación de cercanía con el ciudadano es indispensable y la atención a sus inquietudes sobre los servicios públicos, más importante que grandes proyectos de nación, ideologías o legislación de alto contenido técnico. Un camión puntual me cambió la vida garantizando mi salud el resto del invierno. ¿Qué debe hacer el PRI? No olvidar para qué entramos a la política. Como escribió Cruddas en un discurso para un primer ministro: “La meta es pelear y ganar, pero sobre todo, servir”.

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