La aspiración del porvenir

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Por:
  • Pacotest

Decía Michel Rocard que en política hay que establecer metas accesibles y mejorar así las políticas públicas. Quizá sea esa la enseñanza más importante del reformismo.

Miguel Ángel Mancera es heredero de una corriente poderosa que está transformado al país.

Este lunes, en su discurso para celebrar los XV años de la Conferencia Nacional de Gobernadores, el Jefe de Gobierno hizo un esbozo de lo que puede convertirse en un programa de gobierno, pero sobre todo en una aspiración por el porvenir.

Es, no creo equivocarme, uno de los mensajes más articulados y robustos, en el que se puede observar la profundidad y el alcance de lo que piensa y pretende quien gobierna la capital del país.

Mancera, por experiencia propia, esa que sólo se adquiere en el ejercicio del poder, sabe que se requiere dotar a la política de su verdadera esencia y recuperar su capacidad de cambio, como una herramienta útil a la sociedad.

Entre otras cosas afirmó que los partidos políticos deben servir a los ciudadanos, funcionando como piezas de un engranaje mucho más amplio y ambicioso.

Apuntó a la necesidad de un cambio de régimen en el que se discuta sobre las posibilidades de un sistema parlamentario y se detenga el dispendio de recursos en las contiendas electorales.

Es ahí donde se encuentran dos de los problemas que no permiten un despegue pleno del país: cómo elegimos y cómo se gobierna. Lo primero, para dotar de legitimidad suficiente a quien llega al poder por la vía democrática y lo segundo, para establecer mecanismos que permitan dar resultados.

Pero también para establecer protocolos de rendición de cuentas permanentes, que propicien soluciones ante viejos y nuevos problemas.

Una de las agendas más apremiantes es la que tiene que ver con la seguridad. Hay que trabajar, y en serio, en uno de los temas que más preocupa a los ciudadanos y con razón.

De ahí que se requieran ajustes al sistema de justicia, como advierte Mancera, para que vivamos en un verdadero garantismo. Uno de los soportes del Estado de Derecho es que no exista impunidad. Ni más ni menos.

Todo ello ante un horizonte que privilegie el bien del país por sobre otro tipo de intereses, individuales o de grupo.

Los desafíos que enfrentamos requieren de nuevos enfoques, de miradas frescas y de un empeño distinto, ajeno a las viejas lógicas de la confrontación y el agravio.

Es momento de avanzar y arriesgar. El pasado anquilosado y los saltos al futuro, sin visión ni proyecto, nunca fueron buenas recetas y en la circunstancia actual tampoco lo serán.

julian.andrade@3.80.3.65

Twitter: @jandradej