La desobediencia de Marte

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Por:
  • raudel_avila

Juan Villoro es uno de los escritores más completos de su generación. Ha incursionado casi en todos los géneros, excepto la poesía. Novela, cuento, ensayo, dramaturgia, reportaje, guión cinematográfico, análisis de rock and roll y hasta crónica futbolística. En la literatura mexicana, tan propensa a la solemnidad, Villoro tiene una virtud prácticamente inexistente: sentido del humor. Junto con Daniel Sada, Villoro es quizá el mejor narrador mexicano de lo que va del siglo XXI. Su novela El Testigo sigue siendo referencia ineludible para entender la llamada transición democrática y la decepción que supuso.

En mi etapa de estudiante, algunos compañeros del Colegio de México y yo lo entrevistamos. Nos recibió en su casa con calidez excepcional. Dueño de una seriedad imperturbable, nos tenía divertidísimos al referir sus andanzas como escritor de novelas para niños. Gracias a su personaje “el profesor Zíper”, el público más fiel de Villoro es el infantil. “Mi verdadero horizonte intelectual no supera los diez años”, decía bromista. Fue extraordinariamente atento en las dedicatorias que me puso en sus libros y algunas más que le pedí para personas especiales. Algunos años más tarde, poco después de la muerte de Carlos Monsiváis, me topé a Villoro una tarde y le dije: “Lamento mucho su pérdida. Sé que eran muy cercanos”. Su respuesta fue contundente: “La pérdida no es para mí, sino para México”, me dijo desde sus casi dos metros de altura.

Villoro es parte del paisaje en Coyoacán. Es frecuente encontrarlo en carnicerías, cafeterías, escuelas o cines de la zona. A pesar de su militancia política, reflejada en artículos periodísticos semanales, nunca renuncia a su compromiso más importante, el compromiso con la belleza de las palabras.

Desde hace años, Villoro deleita a sus seguidores con sus dotes dramatúrgicas. El filósofo declara fue una aguda y graciosa reflexión sobre la vida intelectual mexicana. Conferencia sobre la lluvia, una entrañable historia de amor que sacude al espectador y evoca lo mejor de su vida sentimental.

El mes pasado, Juan Villoro estrenó en el Centro Cultural Helénico La desobediencia de Marte, una fascinante exploración de las relaciones entre padre e hijo. Oculta detrás de la revisión de dos personajes históricos, los astrónomos Tycho Brahe y Johanes Kepler, la tensión entre ambos es interpretada muy emotivamente por José María de Tavira y Joaquín Cosío.

Cosío, querido y recordado por el público mexicano en sus papeles cinematográficos del Mascarita (Matando Cabos) o el Cochiloco (El infierno) aporta una de las mejores actuaciones de toda su trayectoria. No deje de ver La desobediencia de Marte. Va a salir con ganas de hablarle a su papá para reclamar o agradecer. Es un distintivo de los grandes escritores, sacan al público de la indiferencia cotidiana.

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Twitter:@avila_raudel