La economia: crisis o tragedia

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La presentación realizada por el secretario de Hacienda en el Senado es una fotografía alarmante de la situación económica y, al verla, nadie en su sano juicio puede negar que México vive, por un lado, una tragedia financiera y, por otro, una grave confusión política.

Para empezar, aunque la crisis no es nueva, sí lo son los datos duros que la actualizan: este año el gobierno dejará de recibir 480 mil millones de pesos (mmdp), las participaciones a estados y municipios bajan en 69 mmdp, el gasto público se ajusta en 85 mmdp, y el agujero financiero para 2010 se estima en 300 mmdp con lo que se volverá a las épocas del déficit público.

Añádase que, desde antes del desastre internacional, la economía mexicana ya llevaba décadas sin crecimiento sano y sostenido, perdiendo competitividad, con una productividad estancada y, como cereza en el helado, con una constelación de países emergentes que paulatinamente han venido desplazando a México en la atracción de inversión extranjera y en la participación en el comercio global.

Pero a este drama se suma otro de gran calado y es la exasperante irresponsabilidad de los actores políticos que, conociendo bien la situación, no están dispuestos a establecer una verdadera agenda anticrisis ni a tomar las decisiones consecuentes por la única razón de que, embelesados por los triunfos electorales y las aspiraciones presidenciales o paralizados por las derrotas y el miedo a perder en 2012, no quieren hacer absolutamente nada que altere la volátil y caprichosa voluntad del electorado.

Como en el pecado llevarán la penitencia, lo más probable es que unos y otros sufran su negligencia y paguen duramente los costos aunque con distinta moneda. Por ejemplo, en las actuales circunstancias, los últimos tres años de Calderón serán económicamente fatales: en su sexenio el crecimiento podría llegar apenas a una tasa promedio de 1% en el mejor de los casos; los nuevos empleos formales que se generen quizá no rebasen los 500 mil, cifra lejana a los 6 millones que teóricamente debieran haberse creado; entregará unas finanzas públicas deficitarias a la siguiente administración y el número de pobres habrá crecido a los niveles registrados una década atrás. Si esas serán las credenciales con que el PAN va a hacer campaña, la derrota es más que previsible.

Si ello ocurre, sin embargo, en un contexto semejante, no habrá mucho que deban celebrar quienes ganen, eventualmente el PRI, porque regresarán a gobernar un país en franco deterioro, con crisis fiscal, con tremendas presiones sociales y de empleo, sin margen de maniobra para satisfacer expectativas, y en un entorno en el que los jugadores globales que sí hicieron la tarea en estos años de crisis podrán entonces empezar a disfrutar las nuevas eras de bonanza.

Es cierto que en política lo principal es el poder, pero no a toda costa. Los que hoy ansían reconquistarlo debieran darse cuenta de que podrán ganar, sí, pero será una victoria pírrica.

og1956@gmail.com

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