La élite en peligro

El año que fue
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A papá, que hace 50 años empezó la lucha

A casi dos años de la elección de Trump, los datos muestran claramente que la historia que muchos nos quisieron contar es falsa. No, Trump no es una respuesta de las clases medias y bajas a las presiones de la globalización.

En realidad las capas más pobres de la sociedad estadounidense votaron en su contra y el votante medio de Trump gana alrededor de 70,000 dólares al año. El único factor que une a los electores de Trump no es una pérdida relativa en su ingreso, sino su color de piel y su aversión por los migrantes y las minorías raciales. Y es que, como vimos esta semana en el Senado estadounidense, no importa la cantidad de privilegios, riquezas y puestos que tengas, aún así puedes ser un resentido social. En el caso de los blancos pobres en espacios rurales, aunque el racismo de muchos de estos electores no se justifica, es entendible su resentimiento frente a la creciente desigualdad. Pero en el caso de un personaje como Brett Kavanaugh, el elegido de Trump para ocupar el puesto vacante en la Suprema Corte, que enfrenta acusaciones serias de abuso sexual, su resentimiento llega al ridículo.

Kavanaugh es parte del la super élite estadounidense, un grupo muy reducido de hombres, casi en su totalidad blancos, que crecieron acostumbrados no sólo a ostentar el poder, sino a que las leyes que aplican para el resto de los habitantes no tienen poder sobre ellos. Kavanaugh en realidad cree que los privilegios que tiene simplemente los merece, el claro ejemplo de esto es cómo durante el juicio dijo que llegó a la Universidad de Yale por sus propios méritos, cuando en realidad fue beneficiario de una política discriminatoria que da prioridad en el proceso de admisiones a quienes, como él, tuvieron familia en Yale.

Durante sus vidas, este grupo de personajes de la élite creció acostumbrado a hacer lo que quisiera, cuando quisiera. Incluso abusar de una mujer; al fin que para ellos no hay consecuencias. Récord policiacos muestran que en una pelea durante sus años universitarios, Kavanaugh atacó a otro hombre en un bar, algo que para una persona común y corriente en Estados Unidos pudo haber significado una pena en la cárcel por violencia, acabó, en su caso solamente, en una reprimenda del policía.

Después de años de acciones sin consecuencias, Kavanaugh acaba de despertar y darse cuenta de que los tiempos están cambiando y de que su estatus, dinero y color de piel han dejado de tener el efecto que tenían. De ahí proviene su resentimiento y sus berrinches públicos; ¿cómo puede ser que lo traten como a un ciudadano normal que tiene que atenerse a las leyes a las que todos los demás se atienen? Honestamente, imagino que Kavanaugh simplemente no puede entender cómo el orden al que estaba acostumbrado se derrumba y sus privilegios se disuelven. Éste es el mismo miedo que sienten miles de hombres más, el miedo a ser iguales entre todos.