Lunes 18.01.2021 - 16:16

La era de la violencia

Trump contra la ciencia
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El siglo XX enmarcó conflictos bélicos importantes y tragedias humanas de grandes proporciones. Las cicatrices son profundas y pretendimos aprender del pasado para jamás repetir semejantes atrocidades. Se crearon y fortalecieron instituciones humanitarias internacionales y organizaciones de países que se comprometieron a velar por los derechos humanos. La intención era prevenir nuevos desastres y castigar los crímenes de lesa humanidad.

A finales del siglo XX, el sueño de la integración y la paz llegó al corazón mismo de los gobiernos. De ahí nació la Unión Europea, por ejemplo, y las leyes que protegían a los migrantes con políticas de brazos abiertos a los desplazados por tragedias humanitarias. Se cimentó la idea del libre comercio y se pretendió que las fronteras reflejaran su porosidad, no sólo de facto, sino también en las leyes. Sin embargo, pecamos de inocentes y la ambición política pudo más que la paz.

El nuevo milenio trajo consigo políticos que no dudaron en dividir y aprovechar los retos de la integración para fomentar el miedo y mentir a la población, señalando las diferencias y buscando chivos expiatorios. Resurgieron posturas dictatoriales, muchas veces disfrazadas de democracia. El autoritarismo regresó con fuerza y nos hizo ver la fragilidad de los sistemas diplomáticos que habíamos creado.

En estos días, vemos cómo Trump desafía abiertamente al tribunal de La Haya por los casos abiertos por la guerra en Afganistán, amenazando y chantajeando abiertamente a sus miembros. También vemos cómo el espaldarazo de Estados Unidos a Israel echa por tierra los avances y determinaciones internacionales en un conflicto que vive un recrudecimiento en los enfrentamientos. Venezuela sufre de un éxodo histórico provocado por un régimen que usa sistemáticamente el hambre y la enfermedad como método de control político. En Siria, Europa espera de brazos caídos la siguiente ola de refugiados, ante el fracaso diplomático para evitar que el régimen tome el último bastión rebelde con bombardeos indiscriminados y hasta armas químicas sobre la población civil.

Las Naciones Unidas y demás organizaciones internacionales han fracasado en su intento por prevenir y castigar crímenes contra la dignidad humana. A diestra y siniestra vemos el renacer de la barbarie. Los que aún creen en la razón, se ven tentados a imponerla por la fuerza. ¿Será que la condición humana nos condena al enfrentamiento continuo? ¿Será que la diplomacia y la paz fueron sólo breves ensoñaciones que nos dejó el dolor de la guerra y que sólo anteceden otro periodo de destrucción? ¡Qué lejos estamos de tener líderes diplomáticos que persuadan con argumentos, y no con virulentos y ambiciosos ataques!