La guerra en Siria tiene rostro y es inhumano

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En medio de una cruel escena de escombros, destrucción y gritos, resalta la imagen de un rescatista que lleva entre sus brazos a un niño herido de no más de 5 años para ser atendido en una ambulancia. Los incesantes flashes de las cámaras graban este doloroso incidente tras un bombardeo en Aleppo, Siria. Omran tiene la cara ensangrentada y sucia; sus gestos no son los de un niño pequeño, no llora y no siente dolor; es un aturdido sobreviviente en estado de shock que no entiende lo que sucede.

El pequeño se toca la cara, mira la sangre que queda entre sus dedos y la limpia sentado en la ambulancia, sin comprender cómo sucedió eso y mucho menos por qué les tocó a él y su familia para terminar debajo de los escombros de un edificio. El bombardeo persistente de los aviones rusos ha matado a decenas de civiles, mientras que la mirada de Omran está vacía, es el reflejo del resultado de la guerra en Siria por el poder.

Son imágenes crudas que llegan desde Oriente Medio de una guerra que lleva más de cuatro años sin dar cuartel a los habitantes de una de las ciudades más importantes del norte de Siria y un punto de comunicación y comercio estratégico para el país. Esta situación pone en peligro la vida de millón y medio de civiles que han quedado atrapados en medio de una de las batallas más crueles de la historia contemporánea. Naciones Unidas ha pedido el cese al fuego para poder enviar ayuda a los habitantes que aún siguen luchando entre la vida y la muerte y reabastecer de agua y electricidad a las comunidades que lo necesitan.

Desde 2012 la ciudad de Aleppo está dividida por dos bandos. En el primero está el ejército comandado por el presidente Bashar al-Assad, reforzado por la fuerza área rusa y grupos de choque de Irán, Irak, Libia y Afganistán, mientras que las fuerzas insurgentes se alimentan del apoyo de Estados Unidos, Turquía y Arabia Saudita. Es el juego de la geopolítica y la batalla por el control del mundo, en donde las potencias militares buscan su hegemonía a través de las armas y la violencia, sin importar las víctimas que ya se cuentan en miles entre muertos, heridos, desplazados y todas esas familias que han tenido que abandonar sus viviendas y todos sus bienes.

El pequeño Omran es uno de los casi 9 millones de niños y jóvenes que crecen rodeados por la destrucción de una guerra civil que parece no tener fin y Siria es el territorio en donde Estados Unidos y Rusia han decidido librar esa batalla.

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@Hector_Badillo