La ira contra Aguirre

La ira  contra Aguirre
Por:
  • larazon

No me enfermé de los nervios después del fiasco de la selección nacional, en materia de derrotas futbolísticas estoy curtido. Javier Aguirre pasó por los campos de Sudáfrica a ciegas. No supo o no quiso parar en la cancha a un equipo titular, mandó a la guerra a jugadores de bajo rendimiento, por no decir troncazos, y dejó fuera a otros que habían probado su eficacia. Al final dudó del conjunto joven que tenía enfrente y cuya carta de presentación no era precisamente un chiste: muchos de ellos formaron parte del equipo juvenil que fue campeón del mundo. El promedio de edad de esos jóvenes es de 21 años. Puestas así las cosas, el desempeño de la selección nacional de futbol fue inferior a su rendimiento en Corea-Japón y Alemania. Un empate, un triunfo y dos derrotas. Fracaso rotundo. El Vasco ha dado la cara, pero no las explicaciones necesarias para entender, nada más para entender, sus decisiones. Podría incluso decir, y yo lo aceptaría: me volví loco, por eso fastidié al Guille Franco, alineándolo contra viento y marea, y al Chícharo Hernández, a quien no hice jugar en cada partido, y al Bofo Bautista, a quien nadie encuentra en los juegos porque se esconde detrás de sus rivales. En fin.

Dice El Vasco que deja el cargo de entrenador del equipo nacional porque no logró ganar el quinto partido. No es así. Aguirre renuncia porque sus resultados han sido muy malos con un grupo de buenos jugadores. Tampoco debemos hacer tanto escándalo. Javier Aguirre no es por cierto el único que ha fracasado con nuestra selección. Todos han fracasado con el equipo mexicano. En otra página escribí que en materia de futbol somos aficionados a la infelicidad.

La derrota y la frustración me han traído de nuevo la imagen de mi padre joven, yo soy ahora mayor que aquel aficionado que fue mi papá, dándose un manazo en la frente mientras oye en el radio el partido de México contra España en el Mundial de Chile del año de 1962. La historia es conocida: a México le bastaba un empate para pasar a la siguiente ronda y el partido agonizaba cero a cero. En el último minuto Peyró perforó la meta mexicana. Nuestro portero, La Tota Carbajal sufrió un brote sicótico y se dio de topes contra el poste mientras los fotógrafos deportivos le tomaban imágenes al mexicano loco.

Mientras oía perorar a Javier Aguirre y a Justino Compeán (¿los directivos no son corresponsables del fiasco, no deberían también renunciar?) me he visto frente a una televisión Admiral de bulbos. El juego se transmitió en vivo vía Satélite, por el Pájaro Madrugador. Wembley, 1966, México había empatado con Francia en su primer juego con un gol de Enrique Borja. La selección se mediría con Inglaterra, ni más ni menos, una trituradora de once británicos envanecidos. El entrenador, Ignacio Trelles, ordenó una retaguardia de once jugadores. Sólo perdimos dos a cero, un bombazo de Bobby Charlton y un balón rebotado en el pecho de Nacho Calderón (y no había Jabulani) que le entregó a Roger Hunt.

Cualquiera habría elegido otro deporte para depositar en él sus emociones, pero como muchos otros, a partir de aquel momento me hice aficionado al futbol, un aficionado neurótico, experto en infelicidades.

rafaelperezgay@gmail.com